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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2008. CHISTE (núm. 3)![]()
TIFFANY’S Un tío llega con una mujer guapísima a la joyería Tiffany’s, y juntos escogen una joya de 50.000 euros para ella. Al pagar la cuenta, el hombre saca su talonario. El vendedor pone cara de preocupación, pues es la primera vez en su vida que ve a aquel sujeto. El cliente que percibe su gesto, le dice: —Veo que está pensando que el cheque puede no tener fondos, ¿cierto? Pues bien, vamos a hacer lo siguiente, como hoy es viernes y el banco ya está cerrado..., quédese con el cheque y con la joya. El lunes, tan pronto haya cobrado el cheque, mande entregar la joya a la casa de la señorita ¿OK? El vendedor se queda tranquilo, y el lunes, al intentar cobrar el cheque, efectivamente constata que no tiene fondos. El vendedor telefonea al cliente, quien le responde: —Puede romper el cheque, ya me la he follado. Gracias por la colaboración.
ESPAÑOLITO DE SEGUNDA![]()
Avión militar de transporte Hércules
Cuando mueren periodistas en cubriendo las noticias de los conflictos internacionales, como los señores Ortega, Souto o Anguita, por ejemplo, me indigno doblemente: primero por el hecho de que existan guerras donde muera gente, y, segundo, porque siempre que sucede algo que tenga un impacto mediático me doy cuenta que existimos dos clases de españoles.
Me pregunto: ¿por qué han tuvieron que ir que ir aviones militares a repatriar sus cadáveres? Estos señores estaban trabajando voluntariamente en el lugar del conflicto, me imagino que con un buen sueldo y un buen seguro de vida. Deberían ser sus empresas las que corrieran con los gastos del traslado, no las arcas del Estado.
Esto sin mencionar el patético caso de enviar un avión a Guantánamo para traer a un supuesto terrorista de Al-Qaeda, un “español” llamado Mohamed NoSéQué.
Poner en vuelo un avión de este tipo cuesta una cantidad muy importante, mucho más si los vuelos son transoceánicos o al Extremo Oriente, mientras que los soldados españoles que prestan sus servicios en Afganistán eran transportados por aviones contratados a empresas de bajo coste y, para más INRI, de países que no ofrecen ninguna garantía, y así pasa lo que pasó con el Yacolet.
No creo que exista un país en el mundo donde no resida un español, trabajando, claro; pero a esos cuando mueren no les hacen ni puto caso, porque no salen en los medios.
Mi padre murió en el extranjero, me dirigí al Ministerio de Asuntos Exteriores para pedir ayuda para la repatriación de su cadáver y su contestación fue que me buscara la vida. Eso sí, me facilitaron la dirección de una empresa que me haría los trámites necesarios previo pago de su importe.
KAFKA vs AZIMOV![]()
De repente se despertó sobresaltado, echó los pies fuera de la cama, se calzó las zapatillas y se colocó el batín. Mientras se dirigía hacia el baño bostezaba, llevando su mandíbula al límite de la luxación. Con los ojos casi cerrados se detuvo frente al espejo y, de pronto, un gemido de terror se ahogó en su garganta. Se frotó fuertemente los ojos y volvió a abrirlos, pero aquella imagen seguía en el espejo. Evidentemente era él, pero con el aspecto que tenía veinticinco años atrás. Muy nervioso, se desprendió del batín y de la chaqueta del pijama y observó que sus músculos estaban tensos, marcados, había desaparecido la adiposidad de su cuerpo e incluso sus sienes canosas habían vuelto a recobrar su color negro original.
Estuvo un buen rato frente al espejo, mientras por su cabeza pasaban miles de pensamientos, algunos sin sentido. Pensó que ésta era su edad real, que el ser mayor debía haber sido un sueño, y corrió a su cartera a mirar su DNI. Allí pudo ver su foto, con sus canas, sus entradas y su fecha de nacimiento, que correspondía a un hombre de cuarenta y siete años.
De repente pensó en su hijo de veintiún años, se dirigió a su habitación y lo encontró dormido plácidamente. Estaba a punto de volverse loco y le horrorizaba la reacción de su mujer, pero armándose de valor se dirigió al dormitorio, encendió la luz de su mesita de noche, y tuvo la segunda sorpresa del día: su mujer, sumergida en un sueño profundo, tenía el aspecto de una chica de veinte años, metida en un pijama de una mujer de cuarenta y cinco años, generosos en carnes. Volvió a apagar la luz, la despertó con mucha delicadeza y empezó a contarle lo que había sucedido:
—Cariño, algo raro ha debido suceder esta noche en esta habitación.
—Por favor, déjame dormir, es muy temprano.
A ella parecía que no le había afectado la historia, o que ni siquiera le había oído. Él la zarandeó con violencia y entonces la mujer notó el cambio que había experimentado su cuerpo. Se levantó deprisa y se dirigió al baño a contemplarse en el espejo. Al contrario que su marido, ella empezó a dar gritos de felicidad y a reírse como una posesa... estaba encantada con su nueva figura.
—Pero, mujer, ¿te has vuelto loca —la actitud de su mujer lo desquiciaba—. ¿No te das cuenta que no somos nadie? Nadie nos reconocerá, no me aceptarán en mi trabajo, tendremos problemas en el banco, con la policía... muchos problemas.
—¿Recuerdas anoche, cuando regresábamos a Madrid después de cenar en Aranjuez? Aquella luz que vimos en el cielo, que yo decía que era un OVNI y tú que un avión..., pues nos han abducido y nos han regresado veinticinco años.
—No digas más tonterías, estoy pensando en suicidarme.
Creía que iba a sufrir un infarto cuando un timbre molesto, monótono y repetitivo lo devolvió a la verdadera realidad. Se sentó con un movimiento brusco en la cama, encendió la luz de su mesita de noche y contempló a su mujer que le daba la espalda. Fue entonces cuando su corazón empezó a latir con fuerza mientras un sudor frío empapaba su frente.
COLEGIO (Parte 1)![]()
De pequeño fui un niño de los hoy llamados “superdotados”. A los cuatro años sabía leer y escribir, e incluso redactaba. Prueba de ello es la primera felicitación a mi madre el día 8 de diciembre (antiguo Día de las Madres), escrita cuando contaba cuatro años y cuatro meses y que ella se encargó de guardar en su misal hasta su muerte, donde, revisando sus “tesoros”, la encontramos junto a algunas poesías que de muy joven le había escrito.
Las clases del colegio eran aburridas; yo tenía una gran facilidad para con una sola lectura captar los conceptos e incluso retener en mi memoria por mucho tiempo lo leído. Como se verá, ese talento natural se volvió en mi contra, perjudicando gravemente mi vida en aquel momento y en el futuro.
Vivía en el extranjero y el Consulado de España convocó unos exámenes para la concesión de una beca de estudios en España, concretamente en Málaga. El colegio me presentó y saqué el número uno de la promoción. Ahí empezó el período más amargo de mi vida, que modificó todo mi futuro y dejó en mí unas secuelas de odio capaz de cometer cualquier barbaridad sin el menor remordimiento. Me internaron en un campo de concentración regido por curas salesianos. Allí recibí palizas, humillaciones y todo lo que defina “malos tratos”. Tengo que decir que no abusaron sexualmente de mí porque mi físico no sería apetecible, pues estaba muy delgado, aparte de la mala leche que yo me gastaba, pero juro que vi abusar de un chaval, y enseguida lo puse en conocimiento de su hermano mayor, que le dio un tremendo puñetazo en la cara al cura. Solución al problema: los dos hermanos expulsados del colegio.
Pero lo más hiriente, el dolor más grande, lo que jamás se borra de mi mente fue la despedida de mi madre en el colegio: los dos abrazados llorando (yo tendría casi nueve años):
—Mamá, no me dejes aquí.
—No te imaginas lo que me cuesta hacerlo.
—No quiero quedarme, llévame a casa.
—Hijo, aquí está tu porvenir: harás oficialía, maestría y después pasarás a estudiar en la universidad y te harás ingeniero. Serás el primer universitario de la familia y cuando seas mayor no pasarás las penurias que pasamos ahora.
—Yo quiero estar con mis padres, con mis hermanos, con mis amigos, con mi gente. No quiero ser ingeniero, quiero trabajar en la imprenta, y no me importan las penurias.
—Por favor, niño, no me lo pongas más duro, ¿no ves que se me parte el corazón de tener que dejarte aquí? COLEGIO (Parte 2)![]()
En ese momento, un cura con cara de cínico me agarró del brazo y me metió hacia el interior del colegio. Todavía resuenan en mi mente mis gritos llamando a mi madre y su imagen, allí, puesta de pie, llorando, con un pañuelo en sus manos con el que unas veces se secaba las lágrimas y otras se lo llevaba a la nariz. Acababa de entrar en el infierno, en el lugar donde me daría cuenta que jamás podría ser un católico, como mucho un agnóstico en honor de mi madre, que era católica practicante, ya que es, desde mi punto de vista, imposible que Dios tenga esos ministros, como ellos mismos se autodenominan.
No dejaba de pensar en mi madre: cualquier cosa me la recordaba; por ejemplo, ve el número bordado en la ropa, el 200. Todavía me extraña que no me lo tatuaran en el brazo.
La primera semana fue de castigos continuados, hasta que le cogí el truco a la cosa. Me venían castigos por cosas tontas como hablar en la fila, y es que había espías que nos observaban. Aunque he dicho antes que era muy delgado, por el contrario era un manojo de nervios, y como chaval de barrio bajo, de mano muy suelta. Así que quien me quisiera gastar una novatada o una broma que no me agradara, se la llevaba de seguro y, por tanto, el correspondiente castigo por pegón. Los castigos eran torturas refinadas.
En el colegio había muchos huérfanos de militares y yo hice amistad con un chico de mi edad que tenía un hermano en el último curso (17/18 años), que fueron los que expulsaron. Un día, en la sala de juegos, mi amigo jugaba al futbolín con un chico mayor que nosotros, que descaradamente le hacía trampas elevando el futbolín para que la bolita se dirigiera al lugar a donde a él le interesaba. Yo, que observaba en un lateral, no pude callarme: “Tú, gilipollas, no le hagas trampas porque él sea más pequeño”. Al cambiar de campo, el contrincante de mi amigo pasó por detrás de mí y me dio un fuerte golpe en la espalda. Mi reacción fue inmediata: me volví y le di un puñetazo con tan mala suerte que le impactó de lleno en el ojo, y a la mañana siguiente se presentó (él era externo) con la madre para reclamar que a su hijo le habían puesto un ojo como una berenjena.
El “consejero”, como llamaban al cura encargado de la disciplina me llamó a su despacho y me dio una galleta que me dejó la cara como si la hubiese metido en un perola de agua hirviendo:
—Tú estás muy fuerte, ¿verdad?
—Usted también.
Recibí otra leche, así que decidí callarme y contestar con monosílabos, seguidos de la palabra “padre”.
—Así que, como eres tan fuerte y los campeonatos deportivos escolares son la semana que viene, te voy a apuntar como lanzador de peso, a ver si se te quita un poco la violencia cuando hagas el ridículo. Y tenía razón, porque ya levantar la bola, que pesaba 7,625 kg, me costaba trabajo, y todos los colegios enviaban a participar en esta disciplina a sus chicos más mayores y de más peso. Así que yo sería el último no sólo por mi constitución física en aquellos momentos, sino porque jamás, obviamente, había practicado este deporte.
Llegó el día de la competición y todos eran mayores menos yo. Los chavales que había en las gradas se reían y me decían cosas que, la verdad, entre el jaleo, el ruido y los nervios ni me enteraba. Menos mal que antes de empezar llegó el director y me dijo que me vistiera. Hubiese matado al “consejero” si hubiese podido, pero me dio más motivos para hacerlo. Yo era un chico rebelde y él me tenía mucha inquina. COLEGIO (Parte 3)![]()
En el primer año, llamado de preiniciación, se iba pasando un mes por cada taller para así el segundo año elegir la profesión que más te gustara o la que ellos decidieran que se ajustaba más a tus cualidades, siempre desde su punto de vista. Recuerdo que en el taller de mecánica (ajuste, fresa y torno), como niños que éramos, en el menor descuido del profesor, intentabas la broma con el compañero, y en cierta ocasión puse en la piedra de esmeril durante un tiempo bastante prolongado la pieza de hierro con la que tenía que trabajar el compañero, con lo cual adquiría una temperatura muy elevada, pero al ponerla en su mesa de trabajo nos vio el profesor y nos envió a los dos al despacho del “consejero” con la consigna de decirle que estábamos allí porque el profesor nos pilló fuera de nuestro espacio de trabajo.
Íbamos por el camino imaginando el castigo, y cuando llegamos él entró primero y yo esperé en la puerta durante aproximadamente un cuarto de hora. Cuando se abrió la puerta y el compañero me dijo que pasara, me fijé que llevaba la cara con marcas de haber recibido muchos golpes. Yo sabía, o intuía, lo que me iba a pasar. El saludo fue un golpe en la cara que hizo que me tambaleara por todo el despacho:
—¿Otra vez tú? ¿Qué ha pasado ahora?
—Pues que me había dejado una lima y fui a…
No me dejó terminar, recibí otro golpe más, y, con la cabeza dándome vueltas, caí sobre la mesa y mi mano golpeé un abrecartas enorme que estaba depositado allí. Lo cogí, me reincorporé, y mirándolo fijamente, me imagino que con la cara desencajada y los ojos llenos de lágrimas, le dije:
—Le juro que si me levanta de nuevo la mano, se lo clavo.
Se quedó pálido, como si la sangre que momentos antes enrojecía su cara se hubiese evaporado de golpe. Sus ojos estaban desorbitados, alucinaba, como si no pudiese dar crédito a lo que estaba viendo y oyendo.
—¿Sabes lo que has hecho? Vete de aquí, ya me encargaré de ti. Te vas a arrepentir de haber nacido.
No pasó nada. Me veía por el patio y me miraba con odio, pero no me decía nada. Un día sacó una libreta y anotó algo. No sé si sería para amedrentarme. A mí me daba igual, ya no me importaba lo que opinaran en mi casa; ya había sobrepasado el límite de mi aguante. COLEGIO (Parte 4)![]()
Otro día, en un examen de matemáticas un compañero me hizo señas para que le pasase el problema número 3. Lo copié en un papel, hice con él una pelotita y se lo lancé. El cura, que estaba de espalda, se dio la vuelta en ese momento como si hubiese visto la maniobra por un retrovisor. Cogió el papel, deshizo la bolita, se dirigió a mí y, después de lo clásico, pegar, me dijo:
—Cómete ese papel.
—Tiene tinta.
—Es igual, cómetelo.
—No pienso comérmelo.
El que le llevase la contraria en público le puso tan nervioso que decidió darme un castigo especial. Así que ese día y el siguiente, que era 19 de marzo, mi santo y fiesta, los pasaría en el patio del colegio, con las manos en la espalda y la cabeza pegada a la pared, dejando esta posición sólo para comer y para hacer mis necesidades. De vez en cuando se acercaba a mí y me enseñaba la correspondencia (abierta, por supuesto, siempre te la entregaban abierta) de mi familia felicitándome por mi santo, pero no me la entregaba. Al final del día creí morirme cuando vi que las rompía.
El último año (sólo estuve tres), el Ministerio de Educación y Ciencia instauró un premio de 5.000 pesetas (que era mucho dinero en aquellos años) para los chicos que sacaran mejores notas en cada provincia al final del curso. Me lo concedieron a mí, ya que ese año, al igual que los anteriores, mis notas eran de “matrícula de honor” de media, es decir, un 10 en cada asignatura. El jefe de estudios reunió al colegio en el teatro, y a mí, sentado en una silla, en el escenario, me puso como ejemplo a seguir por el colegio, mientras me hacía pasar la mayor vergüenza que yo recuerde al oír a todo un teatro aplaudirme. COLEGIO (Parte 5 , final)![]()
Pues bien, terminó el curso, y con la maleta preparada me fui al despacho del director a recoger mis 5.000 pesetas. Por mi cabeza habían pasado miles de cosas que podíamos hacer con aquel dinero. Llegué al despacho, pedí permiso para entrar y le dije al director que venía a recoger mi premio.
Él, casi sin mirarme a la cara, me dijo:
—Mira, en este colegio hay muchos huérfanos de militares y el Ejército paga muy poco, así que ese dinero, como tú formas parte del colegio, lo considero ganado por el colegio y nos dará suficiente para reponer el déficit que arrastramos.
—Ese dinero es mío, me lo ha concedido a título personal el Ministerio, y si no me lo da usted, me lo está robando.
—¿Cómo te atreves a decirme eso? Estás expulsado del colegio, así que, si quieres, para conservar la beca, puedes pedir plaza para el año que viene en los salesianos de Sevilla.
Cogí un crucifijo que había en la mesa, y con la peana, que era de bronce, le di un golpe en la cara con toda mi fuerza y con toda mi rabia y empezó a sangrar por los dos orificios de la nariz y por un corte que le produje en la parte lateral de la nariz (seguramente llevaría la marca hasta el día de su muerte). Mientras gritaba e intentaba parar la hemorragia con un pañuelo, yo cogí mi maleta y salí de allí a toda prisa.
No me dirigí a la estación de autobuses, sino que cogí un taxi que me llevó hasta la primera parada del autobús, y una vez dentro, me senté al lado de la ventanilla y ni me movía. A la altura de Benalmádena paró el autobús y subió un guardia civil. A mí me temblaba todo el cuerpo y me arrimé a la señora que ocupaba el asiento continuo al mío. El guardia civil, después de echar una mirada (yo me hacía el dormido), se bajó del autobús y éste ya no paró hasta llegar a Algeciras.
No me sentí seguro hasta que pasé la frontera.
Después, mi padre, no se atrevió a denunciar, imagino que trasladarse a España y enfrentarse a un juicio estaba muy lejos de su presupuesto. No estaban los tiempos, en ningún sentido, como para poner una denuncia a un cura, por más señas director de un colegio que, encima, había sido agredido. WENCESLAO![]()
Wenceslao, tú ten cuidao; no te metas en follones, y, por lo que pueda pasar, nunca dejes de llevar tu cajita de condones.
Que las tías van de pesca, todas buscan un marido y siempre suelen pescar al más tonto del lugar o al que está más salido.
M A D R I D![]() Madrid, su gente, sus avenidas, sus fuentes, sus museos, sus jardines, sus teatros, sus bares de copas y tapeo, su Casa de Campo, su Retiro, el Rastro, sus restaurantes, el Real Madrid y su Bernabéu, uno de los mejores metros del mundo. También su tráfico maldito, su polución, sus prisas, sus eternas obras. ¡Cómo me gusta mi ciudad! Madrid me encanta, Madrid me mata. "EL CALENTITOS"![]()
Recuerdo que en cierta ocasión me hallaba jugando con mis amigos en un montículo, cuando observé a lo lejos que mi tío, “el rico”, le compraba a mi hermano un bollo de los que vendía un hombre, que los transportaba en dos cestas muy anchas y de poca profundidad. Mi primera reacción fue salir corriendo en dirección a donde se desarrollaba la escena, antes de que se marchara el vendedor de bollos y así “obligar moralmente” a mi tío a comprarme uno. A media carrera salí rodando por el suelo, pero, en un acto de enormes reflejos, me incorporé y seguí mi carrera desesperada.
Tuve éxito. Llegué junto al grupo donde se producía la acción, y el bollero, al verme correr hacia ellos, se hacía el remolón. Me lancé al cuello de mi familiar y le di un beso (maldita la gracia que me hacía), y, una vez conseguido el bollo, reparé en que en la caída me había destrozado la rodilla, y fue entonces cuando empecé a llorar. Me marché a casa y mi madre me colocó un trapo después de rociarme la rodilla con agua oxigenada y alcohol.
Mi tío “el rico” era simplemente auxiliar administrativo, pero como sólo tenía un hijo, se podía permitir ciertos lujos. Al bollero le conocíamos como “El Calentitos” porque siempre iba pregonando a voces lo de “Calentitos”, y aún no sé el motivo, porque si a aquellos bollos había que soplarles no era para enfriarlos, sino para quitarles el polvo. Y si es cierto que existe una vida después de ésta, allí estará el hombre esperando a más de uno para que le paguen los bollos que le robaron en cuanto se descuidaba lo más mínimo.
Y es que mis relaciones con la bollería, pastelería y confitería habían sido muy escasas en mi infancia, y no fue precisamente un problema de diabetes. Ni buscando en los archivos más antiguos de mi memoria encuentro gran cosa, sólo unos vagos recuerdos, como cuando me veo lamiendo los cristales de una confitería porque detrás de ellos se exponía una hermosa bandeja de “tocinos de cielo”.
Un episodio que tengo grabado fue la boda de mi hermana mayor: allí, en una mesa, se encontraba una bandeja en la que sólo quedaba un pastel, mirándome tiernamente a los ojos. Cuando me dirigía a cogerlo, una mano de un niño, que yo no conocía, se me adelantó. Naturalmente que yo no podía consentir que en la boda de mi hermana me quitaran un pastel en mi propia cara, y, claro, se lió una tangana donde salimos rodando por el suelo enganchados los dos. Al griterío del niño acudió la madre, nos levantó a los dos, hizo un simulacro de darle una colleja, y le dijo:
—Pero, ¿te vas a pelear por un pastel? Anda, toma el pastel y vete pallá.
Y es que las madres… ya se sabe. A propósito de madres, la mía, guardiana de la moral, la decencia, la pureza y la castidad; guardiana también del honor de la familia, que, por lo visto, debía de estar representado por los bajos de mi hermana, no consentía que asistiese la niña al cine sola con el novio, no fuese que en la oscuridad de la sala al mozalbete se le disparase la mano y aterrizara en zona declarada de uso restringido. Así que me tocaba a mí hacer de carabina: lo mejor que le podía pasar a mi cuñado, que por lo visto agradecía mi “colaboración”. Antes de entrar al cine me llevaba a una pastelería y me decía:
—Joselito, anda, elige el pastel que más te guste.
Y Joselito no elegía por sabores, sino por tamaño: el que más abultaba.
Una vez que empezaba el No-Do, me quedaba frito, hasta que me despertaban al terminar la película.
Otros contactos esporádicos fueron con los mojicones que, a veces, cuando nos levantábamos tarde y no nos daba tiempo a desayunar, mi madre nos daba dinero para que de camino al colegio nos compráramos uno. También hay que reseñar las Navidades. Aquellos roscos navideños con sabor a matalahúva que hacía mi madre para las fiestas.
Pero el colmo de comer bollos hasta hartarnos fue el poco tiempo que mi hermano Miguel entró a trabajar en una pastelería como aprendiz. Cuando llegaba a casa por la noche, siempre traía una bolsa de bollos que ya no se iban a vender y no podían quedar para el día siguiente. Lo esperábamos como los hebreos al Mesías.
Eso no impedía que nos burláramos de él por el oficio que estaba aprendiendo, y mi hermano pequeño y yo le cantábamos una canción que dice:
A ese gachó que toca el bombo se le cayó el mondongo de tanto tocar. Quiso meterse a pastelero para chuparse el dedo, pero lo han calao. El dueño de la pastelería lo vio comerse un día quince mazapanes, kilo y medio de merengue, y parecía un mengue hinchándose de flanes. Tuvieron que despedirlo de momento, porque tenía el sieso descompuesto; (ozú, mi mare). Y se tiró más de un mes sin beber, sin comer y durmiendo por los callejones.
Algo de razón llevaba la canción: el dueño de la pastelería se había propuesto que mi hermano aborreciese los pasteles, así que le dijo que comiese todo lo que quisiese, con la intención de que después de que le saliese el merengue por las orejas, al ver un pastel se le pusieran los pelos como escarpias. Evidentemente el pastelero se equivocó: mi hermano era capaz de comerse todos los días un escaparate de pasteles, sin necesidad siquiera de soltar un erupto ni aunque los acompañara con gaseosa. Y lo demostró: un día el dueño le había enviado a comprar un kilo de coco molido, y en el corto trayecto del almacén a la pastelería el kilo se había convertido en 200 g. Esta pequeña tontería le costó el puesto de trabajo, y a nosotros, el chollo.
CHISTE (núm. 4)![]() EL TELÉFONO Suena el teléfono de la casa... DISCORDIANISMO![]()
Cuando era un niño, y a fuerza de oírselos recitar a mi madre, aprendí de memoria los Responsorios a San Antonio. Ésta es una oración dedicada a San Antonio de Padua que se dice cuando se quiere saber algo que te preocupa y, sobre todo, para encontrar cosas perdidas. Por si a alguien le interesa, la plegaria dice así:
Si buscas milagros, mira, muerte y error desterrados, miseria y demonio huidos, leprosos y enfermos sanos.
El mar sosiega su ira, redímense encarcelados; miembros y bienes perdidos recobran mozos y ancianos.
El peligro se retira, los pobres van remediados; cuéntenlo los socorridos, díganlo los paduanos.
Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.
El mar sosiega su ira, redímense encarcelados; miembros y bienes perdidos recobran mozos y ancianos.
Ruega a Cristo por nosotros, Antonio glorioso y santo, para que dignos as de tus promesas seamos.
Una vez dicha la oración y rezado sus “reglamentarios” Padre Nuestro, Ave María y Gloria, el objeto perdido aparecía.
Después, en el colmo del discordianismo, he visto gente que utiliza otra oración para buscar las cosas perdidas invocando a “San Cucufato”. El rito consiste en hacerle un nudo muy apretado a un pañuelo, colocarlo debajo de un peso, lejos de la vista de curiosos (por ejemplo, debajo de la pata de un sofá), mientras dicen esta “oración”:
San Cucufato, los cojones te ato; si no me aparece... (aquí el nombre del objeto perdido). no te desato.
Hay quien dice que es efectivo..., y es que eso debe doler como para poner al santo a buscar como un loco el objeto extraviado.
MIRA SI YO TE QUERÍA![]()
Mira si yo te quería que celos tenía del viento, que me bebía tu aliento, te soñaba noche y día…
Yo te esperaba impaciente, te mimaba con exceso, te regalaba mis besos, y mi corazón ardiente.
Tú me dabas tu ternura, tu risa y tu mal humor. Un matrimonio los dos. Una perfecta locura.
Pero qué triste es mi suerte y, ¡cómo me ha golpeado! que hasta me has abandonado en las puertas de mi muerte.
RECONOCIMIENTO![]() Su marido llevaba cinco días desaparecido. La Guardia Civil y voluntarios del pueblo habían hecho batidas por los alrededores sin ningún resultado positivo hasta que aquella tarde sonó el teléfono. —Buenas tardes. Se ha encontrado el cadáver de un hombre que se despeñó por el acantilado y el mar ha devuelto. Necesitamos que se persone en el anatómico forense para identificar el cadáver por si se tratara de su esposo. Carmen se quedó pensativa, no sabía qué hacer. Su cabeza era un hervidero de ideas contradictorias. Su marido era un hombre con una fortuna considerable que tenía un hijo de su anterior matrimonio, que vivía con su madre, aparte del hijo que tenían en común. Bueno, en común porque él lo había reconocido como hijo propio, pero sólo ella sabía que el chico era fruto de una infidelidad. Pensó que si el cadáver era irreconocible le harían la prueba del ADN y la compararían con la de su hijo, que, por supuesto, al dar negativa, las autoridades considerarían que no se trataba de su marido, lo que le ocasionaría muchos problemas. No conocía las leyes e incluso pensó que la herencia que le correspondía a su hijo podría pasar a manos de su hermanastro. También le horrorizaba que la familia de él conociese su secreto. No tenía tiempo para consultar a un abogado, así que se dirigió a identificar al cadáver. Por el camino iba pensando en la última discusión que tuvieron el día que desapareció: él la había amenazado con quitarse la vida; era demasiado volver a repetir en su segundo matrimonio los mismos problemas que tuvo en el primero. Llegó al anatómico forense, le mostraron un cadáver totalmente irreconocible y ella, sin dudarlo, dijo: —No tengo ninguna duda, es mi marido. Le dieron sepultura en el cementerio del pueblo y al día siguiente ella contactó con un abogado para solucionar el papeleo, y éste quedó en acompañarla a la oficina del notario. Ya por la noche, cuando se disponía a cenar, sonó el teléfono y, al otro lado de la línea, una voz distorsionada le dijo: —Señora, tenemos secuestrado a su marido, si quiere verlo con vida deberá darnos tres millones de euros en la forma que más adelante le comunicaremos. Una advertencia, si llama a la policía su marido morirá. —Déjense de bromas macabras, mi marido está muerto —contestó ella, sin saber muy bien lo que decía. —¿Ah, sí? Pues va a hablar usted con un muerto. Se quedó pálida y tuvo que sentarse cuando oyó esa voz tan conocida para ella: —Carmen, soy Juan, haz todo lo que te dicen porque esta gente no se anda con bromas. A UN FOLLADOR DE BOQUILLA![]()
Tú que presumes de macho, de putero empedernío, de que tienes un buen cacho y de lo mucho que has jodío.
De que no le haces ascos ni a la carne ni al pescao; y que dices que hace años siempre estabas empalmao.
Que la Bibi a ti te excita, también te excita tu prima, y por excitar te excita el culo de una gallina.
Todo este alardeo me parece una patraña. No jodes ni con el deo; ya no vales pa dar caña.
Se acabó lo de encular; has llegado a la vejez. Te tienes que conformar con tu eterna flacidez.
DIÁLOGOS CON MI PULPO![]()
LÍBANO
—Hola, Discóbolo.
—¡Pulpito!, ¿tú por aquí? Ah, ya, vienes a hablarme de los cayucos en Canarias.
—No, si te quieres informar sobre ese tema, lee la web de cualquier mafia de traficantes de personas, donde te dicen que no te preocupes de nada, que el viaje es un poco incómodo, pero que seguramente algún barco español te recogerá, te llevarán a tierra, te alimentarán, te darán ropa y, pasados unos días, te trasladarán a la Península en un viaje en avión pagado por Zapatero. Una vez en la Península, ya puedes empezar a trabajar, comprarte tu coche, una casa y llevarte a la familia. Pero no se te ocurra pasar a Francia porque desde allí sí que te repatrian.
—Menos mal que no querías hablar de los cayucos.
—Yo quiero hablarte del Líbano. ¿A quién se le ocurre meter a 1.100 soldados españoles en un lugar donde cualquier “pirao” tiene un kalasnikov, por no decirte una ametralladora de gran calibre con varias bufandas de balas, o un lanzagranadas, y que, además, piensa que morir utilizándolos es lo mejor que le puede pasar? Por si fuera poco, enfrente tienen al ejército mejor equipado del mundo esperando que al “pirao” se le vaya una ráfaga o un katiuska para lanzar un bombardeo, importándole tres huevos quién esté debajo.
—Hombre, tanto Líbano como Israel han aceptado el envío de soldados de la ONU.
—¿Y los “piraos”? Además, otra cosa muy importante es el dinero. Según las informaciones, se espera que la misión dure un año, lo que supone un gasto de 240 millones de dólares, a los que hay que sumarle los 30 millones que el Gobierno ha ofrecido para reconstruir Beirut. Es decir, lo destrozan los israelíes y lo pagamos nosotros. ¿Se puede ser más tonto?
—Mira, Pulpito, éstas son cosas de alta política internacional que se nos escapan a los ciudadanos de a pie.
—Pues a mí lo que no se me escapa es que con esos casi 300 millones de euros (50.000 millones de pesetas) se podían hacer canalizaciones para evitar que el agua de lluvia fuese al mar, hacer un buen plan hidrológico para paliar la sequía, que ése sí que es un problema nuestro; construir pisos subvencionados para jóvenes…, en fin, mil cosas.
—No te olvides de que suban las pensiones, Pulpito, que yo estoy jubilado.
Poema del amor ajeno![]()
Puedes irte y no importa, pues te quedas conmigo como queda un perfume donde había una flor. Tú sabes que te quiero, pero no te lo digo; y yo sé que eres mía, sin ser mío tu amor.
La vida nos acerca y la vez nos separa, como el día y la noche en el amanecer... Mi corazón sediento ansía tu agua clara, pero es un agua ajena que no debo beber...
Por eso puedes irte, porque, aunque no te sigo, nunca te vas del todo, como una cicatriz; y mi alma es como un surco cuando se corta el trigo, pues al perder la espiga retiene la raíz.
Tu amor es como un río, que parece más hondo, inexplicablemente, cuando el agua se va. Y yo estoy en la orilla, pero mirando al fondo, pues tu amor y la muerte tienen un más allá.
Para un deseo así, toda la vida es poca; toda la vida es poca para un ensueño así... Pensando en ti, esta noche, yo besaré otra boca; y tú estarás con otro... ¡pero pensando en mí!
José Ángel Buesa.
PULPO TENÍA RAZÓN![]()
Hace sólo dos días, Pulpo se quejaba de la estancia de Tropas españolas en el extranjero; él se refería a Líbano, pero las mismas circunstancias o peores se dan en Afganistán.
Hablaba de los “piraos” armados deseando ir al paraíso, y aquí ha aparecido uno que se ha llevado con él a dos militares españoles y ha herido a otros ocho.
No nos damos cuenta que no hay misiones de paz, que son territorios que están en guerra. A las misiones de paz no se va con armamento, además de que el Ejército no es una ONG.
Tampoco nos damos cuenta que la comunidad internacional sólo cuenta con España para que contribuya con su Ejército a las causas que normalmente sólo benefician a los Estados Unidos de América. Prueba de ello es la forma de arrastrarse de Zapatero para que nos admitan en la conferencia de los 20, lo que hemos conseguido gracias al presidente francés, que algún día pasará factura si no lo ha hecho ya.
Ahora se arregla todo con unas palabritas ensalzando a los militares y la Cruz al Mérito Militar.
E S T A D Í S T I C A![]()
Un 10% de los hombres han hecho el amor, una vez por lo menos, en el ascensor, escaleras, o en la calle.
Recibido en un correo.
CONCHITA DE MI VIDA![]()
Ay, Conchita de mi vida... Conchita, ¡qué rica estás!
Para llevarte a mi huerto, y al pajar de la abuelita, pa bajarte las braguitas despacio, con mucho tiento, pa sentirme el rey del mambo aunque sólo sea un momento.
Ay, Conchita de mi vida... Conchita, ¡qué rica estás!
Para hartarnos de gambas, en la playa, junto al mar, para ponerte, desnuda, mirando pa Gibraltar, para pegarte un repaso de la nuca al calcañar.
Ay, Conchita de mi vida... Conchita, ¡qué rica estás!
Para creerme jinete y sobre ti cabalgar, para meterme en tu cuerpo por delante y por detrás, para seguir con mi sueño y nunca más despertar.
Ay, Conchita de mi vida... Conchita, ¡qué rica estás!
LEY DE LA MEMORIA HISTÓRICA![]()
Yo creo que, con Fernando VII, Zapatero ha sido uno de los mandatarios más nefastos y que más daño le han hecho a España en toda la historia de esta nación. No contento con eso ahora quiere poner la puntilla con la Ley de la Memoria Histórica. ¿Qué tontería es esa? Después de setenta años quiere dar honores a republicanos asesinados por Franco y quitar de las ciudades españolas todo lo que haga referencia al “bando nacional”.
Señor Zapatero, no sé quién le ha contado lo que pasó en aquellos años, porque miembros de una misma familia fueron asesinados por los dos bandos, y supongo que la familia estará contenta con la Ley por sus muertos republicanos, pero no tanto por los nacionales a los que los republicanos le dieron el famosos paseíllo y jamás se supo de ellos. Señor Zapatero, una inmensidad de muertos en aquellos tiempos no fueron asesinados por sus ideales, sobre todo los que vivían en pueblos pequeños y fueron alistados en el Ejército que ocupó su tierra. Sin ir más lejos, dos hermanos de mi madre defendían la ciudad de Málaga, mientras otros dos la atacaban.
En una cosa estamos de acuerdo, hay que quitar todo vestigio del franquismo, que tanto daño hizo a los españoles, pero seamos equitativos, justos y coherentes, y hagamos lo mismo con todo lo que recuerde a la “Santa Inquisición”, a los Reyes Católicos que la impusieron y a todos los siguientes. Destruyamos las iglesias, las catedrales y todo lo que recuerde lo que pasó; no olvidemos a la cantidad de españoles que fueron torturados y quemados vivos. Empecemos por la de León, La Sagrada Familia, Toledo, Burgos, y, por supuesto, dinamitemos el Valle de los Caídos.
Y podemos retroceder más aún, derribemos el Acueducto de Segovia, las calzadas que construyeron los romanos, ya que éstos nos invadieron y mataron o hicieron esclavos a miles de españoles; después seguiremos con la Alhambra, con la Mezquita de Córdoba, etc.
Quiera usted o no quiera, lo quiera hacer en honor de su abuelito o no, eso es parte de la Historia de España, que a veces ha sido gloriosa y otras, nefasta.
M U L T A S![]() Hace unos días tuve que hacer una visita al Hospital General de Alicante y me llamó la atención varios carteles anunciando la prohibición de fumar en todo el edificio, pero no la prohibición en sí, sino la multa que anunciaban: " 500.000 pesetas". Así, en pesetas, no en euros. Durante el trayecto de casa al hospital, en la radio comunicaban las nuevas cuantías de las multas de tráfico, casi todas sobre los 300 euros. Así que si dejas el coche en doble fila y cuando vuelves te encuentras que te han sancionado con 300 euros, entras al hospital a hacer una visita a un enfermo y, con el nerviosismo de la multa, se te olvida apagar el cigarrillo antes de entrar en el vestíbulo y te vuelven a multar, esta vez con 3.000 euros, es para pensarse que trae más cuenta apalear a indigentes y encima grabarlo con una cámara para después colgarlo en Internet, total sólo son 50 euros. Al menos esa es la sanción impuesta por un juez a unos degenerados que se quitaban el aburrimiento apaleando a mendigos. DÉJAME QUE TE HAGA MUJER![]()
Llévame al fondo de tu alma que es como el cielo y brilla como el sol; cobíjame dentro de tus entrañas que ocupe yo todo tu corazón.
Bésame hasta que me hagas daño, quiéreme hasta hacerme sufrir, ámame hasta el fin de los años, deséame igual que yo a ti.
Destrózame como yo te destrozo entre las sábanas lascivas del amor, lléname todo el cuerpo de gozo que sólo tú enciendes mi pasión.
Rózame con tu lengua de fuego hasta la última fibra de mi piel, trasládame al séptimo cielo, mátame, como sabes, de placer.
Déjame embriagarme en tus encantos como si fuese la primera vez, que confundas la risa con el llanto. Déjame que te haga mujer.
JARERA (HARIRA) PARA 6 PERSONAS![]()
INGREDIENTES:
1 Cebolla grande. ½ kilo de tomates maduros. 2 Ramita de apio verde. ½ Manojo de perejil. ½ Manojo de cilantro (culantro). ¼ de garbanzos. ½ kilo de carne (cordero o ternera, mejor ternera, opcional). 1 Huevo (opcional). 1 Puñadito de lentejas. 1 Puñadito de fideos finos. Aceite. Sal. Pimienta verde (6 granos). Harina (opcional). 1 Hueso fresco.
PREPARACIÓN:
Los garbanzos, puestos en remojo desde el día anterior, se proceden a pelarlos, uno a uno (0 comprar ya remojados).
La cebolla, los tomates, el apio, el cilantro y el perejil se pican en trocitos muy pequeños por separado, o se pasan por la batidora. Todo junto se introduce en una olla, excepto el huevo y los fideos finos; es decir: garbanzos, lentejas, pimienta, sal, aceite, la carne cortada en trocitos pequeños, el hueso, y los vegetales picados o triturados y se pone a fuego no muy fuerte durante ¾ de hora. Una vez cocido todo, se le añade el huevo poco batido (esto es opcional, dependiendo del gusto de cada cual).
Si quieres espesar la sopa puedes añadir un poco de harina (también es opcional y personalmente no me gusta). Antes de servirla se le añade un puñadito de fideos finos.
Espero que lo haya explicado bien. Si tenéis alguna duda me lo preguntáis. Esta es la sopa que rompe el ayuno del mes de ayuno (ramadán).
JUSTOS POR PECADORES![]()
A veces pienso, cuando puedo pensar, en pasajes de mi vida, en pequeños detalles que me sucedieron, en frases que oí, sobre todo de mi madre, sabia mujer donde las hubiese. Siempre tenía la frase precisa, el refrán adecuado…
Anoche, en el insomnio provocado por algo que no viene a colación, se me vino a la mente la frase tantas veces oída de boca de mi madre que, en las innumerables ocasiones que mi familia pasó dificultades, sobre todo durante mi más tierna infancia, ella decía sin cesar: “No preocuparos, que Dios aprieta, pero no ahoga”, o aquella otra de “Dios proveerá”, y que se fueron cumpliendo, yo creo más por la evolución de la vida y porque los hermanos empezamos a crecer y a aportar un sueldo a casa que por mediación divina…, o vaya usted a saber . Y yo, que en infinidad de ocasiones he puesto en duda la bondad de Dios, su misericordia, su sabiduría y justicia, e incluso su misma existencia, me hago las siguiente reflexiones: ¿Qué criterio ha seguido para apretarme? ¿No se ha dado cuenta de que al apretarme a mí, también lo hace con mi familia, con mis amigos? Y pienso que esta reflexión la harán millones de personas que lo estén pasando mal.
Posiblemente haya hecho daño a alguien, aunque considero que jamás ha sido intencionadamente, pero de lo que estoy seguro es de que mi familia no tendría por qué pagar mis errores, si es que esto se trata de un castigo por los errores cometidos. Así que si es verdad que esto es obra de un Dios, le pido que sea justo, que afloje un poco la mano y que no se cumpla la frase que decía mi madre de que “no nos mande Dios lo que podamos resistir”.
Escrito antes del traslante. EL CORREDOR DE LA MUERTE![]()
Siempre me ha intrigado lo que sienten los presos condenados a muerte, esos que se encuentran esperando su ejecución en lo que llaman “el corredor de la muerte”.
¿Pensarán en sus familias? ¿En lo que les ha llevado a esa situación en que se encuentran? ¿Sentirán pánico, terror a la muerte?
Supongo que habrá de todo —cada persona es un mundo—; incluso los habrá que deseen que la muerte les llegue lo antes posible. Nadie puede opinar, nadie puede saber lo que piensa, ni siquiera uno de ellos: yo sí, porque yo estoy en “el corredor de la muerte”.
Escrito antes del trasplante.
TANATORIO![]()
Allí, a la entrada de la sala 12 del tanatorio de la M-30, un cartel indicaba el nombre del finado: Alberto Fernández Pinilla. Debajo del cartel, sobre una mesita, un libro de condolencias donde los amigos iban dejando sus frases más o menos inspiradas.
Dentro de la sala se encontraban su viuda, sus huérfanos y familiares, amén de algunos amigos de la familia. Al fondo de la sala un enorme cristal, detrás del cual estaba Alberto en su última “presencia” por culpa de un infarto. Los maquilladores de la funeraria habían hecho un buen trabajo: parecía que dormía plácidamente, no impresionaba su contemplación.
Poco a poco se iría produciendo un desfile de amigos y conocidos. El primero en aparecer fue Juan, su compañero de trabajo, quien, después de besar a la viuda y dar el pésame al resto de familiares, se dirigió hacia el cristal. Se quedó de pie frente a Alberto y se santiguó de una forma tan precipitada que hasta a él mismo le pareció patética. Comenzó un monólogo interior “dirigido” al difunto, como si éste estuviese conectado con él telepáticamente: “Lo siento por ti, tío, pero que la hayas palmado me ha venido muy bien: ya tengo tu puesto en la empresa sin necesidad de esperar a tu jubilación; eso me supone casi 200 euros más al mes, con lo que le has dado un alivio a mi hipoteca”.
Después apareció el jefe de la empresa, que mientras le decía a su viuda que era una pérdida irreparable por su capacidad profesional y humana, y miraba de reojo si había llegado la corona de flores que le había enviado, pensaba que se había quitado de encima al operario con más antigüedad, y que en otros tiempos sí que era necesario, pero hoy, con los adelantos de la informática, cualquier chaval podría hacer su trabajo por la mitad del salario que él percibía.
La gente se iba repartiendo en minúsculos grupos y entablando conversaciones de la más variada gama. Unos hablaban de las bondades del difunto, otros contaban casos que conocían de gente que habían muerto por infartos y algunos contaban chistes y se reían sin pudor a carcajadas.
—¿Cómo puede morirse uno teniendo una mujer que está tan buena? —Lo mismo se ha muerto por eso. —Pues a mí me gustaría hacer el trabajo del muerto, el que hacía en la cama de su casa.
Pues eso, que el muerto al hoyo y el vivo al bollo, o como dicen los mexicanos: “el muerto a la barranca y el vivo a la potranca”.
¿HOMBRES MENTIROSOS?![]()
He leído en algún sitio que los hombres mienten mucho porque las mujeres preguntan mucho, y esto entra dentro de la lógica matemática: a más preguntas, más posibilidades de mentir.
A veces, el hombre no miente con maldad, sino que contesta sin saber lo que dice porque no ha oído bien la pregunta por falta de atención, no porque no le funcione al 100 por 100 su capacidad auditiva, y es que ante una batería de preguntas absurdas, el cerebro masculino tiene un mecanismo de autodefensa que hace que cada vez las preguntas se vayan oyendo más lejanas hasta conseguir no oír nada.
—María, tengo que ir al dentista. —¿Por qué? —Se me ha desprendido un empaste. —¿Y cómo ha sido eso? —No lo sé. —¿Ha sido comiendo? —No me he dado cuenta. —¿O ha sido cepillándote los dientes? —Que no lo sé. —Pues, hijo, sí que eres raro.
Y qué más da cómo se haya desprendido el empaste, el caso es mantener un diálogo para besugos, que es lo que hace que el marido se vaya aislando del tema y conteste lo primero que le venga a la cabeza, pero sin ánimo de mentir.
Eso me recuerda a los “¿y por qué?” de los niños:
—Abuelo, ¿por qué vamos a la playa en verano? —Porque hace más calor para bañarnos. —¿Y por qué hace más calor en verano? —¿Por qué el sol calienta más? —¿Y por qué calienta más el sol?
Y así pueden estar preguntando hasta aburrir a un camello. Otras veces su contestación va dirigida a que su mujer oiga lo que quiere oír, aunque este método es para muy expertos porque las mujeres son imprevisibles en sus respuestas. Veamos un ejemplo:
—Cariño, ¿te has fijado en la blusa que lleva Encarnita?
Esta pregunta es de doble filo: si contestas que no, es que estás en el mundo porque tiene que haber de todo, que pareces tonto, que no te fijas en nada. Si, por el contrario, contestas que sí, te puede caer encima un bombardeo de reproches, como que ya le extrañaba a ella que tú no te hubieses fijado en Encarnita, que vas salido por la vida y que se siente humillada porque te vas fijando en todas las mujeres que se cruzan contigo.
Resumiendo: No mentimos, sólo somos víctimas.
Homenaje a Sabina (Benditos, malditos)![]()
LEYENDAS URBANAS![]()
Circulan decenas de historias que mucha gente da como ciertas y que en realidad son leyendas urbanas que se han ido manteniendo, y en muchos casos aumentando, por el pueblo, así que cada receptor de la historia, al contarla le ha ido agregando algún detalle de su cosecha que ha creído que podría mejorarla.
Ahora mismo me vienen algunas a la memoria; por ejemplo, la mujer de la curva: aquella autoestopista que advertía al conductor que se ofrecía a llevarla que tuviese cuidado con cierta curva porque ella tuvo un accidente en dicha curva que le costó la vida; al mirar el conductor a la mujer, ésta había desaparecido. O aquella en que unos amigos que hacían la oui-ja y el espíritu le dio su nombre y la ubicación de su tumba, comprobaron que era cierto… Otra que no tiene desperdicio es aquella en la que se encontró un submarinista (hombre-rana) en los rescoldos de un incendio. Se había prendido un monte y las avionetas cargaban agua en un pantano; una de ellas absorbió a un submarinista que después dejó caer en el fuego, encontrándose el cuerpo cuando ya se logró apagar el incendio...; en fin, muchas historias de todo tipo.
Una que corrió como un reguero de pólvora y la conocía todo el mundo fue la del programa de Isabel Gemio, “Sorpresa, sorpresa”, donde Ricky Martin debía salir de un armario, en una habitación llena de cámaras, para sorprender a una admiradora suya. Los padres de la chica, de acuerdo con el programa, dejaron a la niña sola en su habitación, donde, dentro del armario, se encontraba escondido el cantante. La nena tenía un perro pastor alemán, y, como se aburría, se untó en sus genitales, unos dicen que foie-gras y otros que mermelada, con el fin de que el animal los lamiese y así ella obtener placer sexual. En ese momento Ricky salía del armario con un ramo de flores en la mano y la pillaba en plena faena.
La última que he oído ha sido la de la mujer con el bulto en la lengua. Se trata de una mujer que acudió a urgencias empujada por un terrible dolor que le producía un bulto que le había salido en la lengua. Resulta que después de hacer memoria la mujer recordaba que el bulto empezó a raíz de un corte que se hizo con un sobre por el que pasó la lengua para humedecer el pegamento.
Indagando sobre la procedencia del sobre se descubrió que provenía de un almacén donde las cucarachas campeaban por sus respetos y se llegó a la conclusión que en el pegamento iban adheridos huevos de estos insectos y uno de ellos encontró cobijo en la herida que el sobre produjo en la lengua de la mujer, y el calor y la humedad hicieron el resto: en el bulto se encontró una cucaracha.
EL PODER DE LA MENTE![]()
Hubo una época de mi vida en la que, a raíz de una experiencia de percepción extrasensorial fortuita, sentí un gran interés por la parapsicología y adquirí bastantes libros que trataban sobre el tema, entre los que destacaba la Enciclopedia de las Ciencias Ocultas y la Parapsicología, de ocho tomos, y me convertí en un gran conocedor de los fenómenos paranormales.
Llevé a cabo muchos experimentos, bueno llevamos, porque yo embarcaba a mis amigos en mis historias, unos con más éxito que otros, desde la oui-ja a las megafonías, pasando por la escritura automática, para la que me fabriqué un artilugio especial. Pero de todos ellos, del que guardo mejor recuerdo fue de uno que consistía en que cuatro personas, valiéndose de un solo dedo elevaban una silla con una persona sentada hasta la altura de la cabeza (una levitación con cierta ayudita) para lo que había que estar muy concentrados.
Vinieron a cenar a casa dos matrimonios amigos, y después de la cena nos pusimos manos a la obra. Primero elevamos a una mujer de poco peso, y, admirados por el resultado, decidimos repetir el experimento, pero esta vez haciendo que se sentara en la silla la persona más corpulenta de las que estábamos en el salón de mi casa, individuo de casi 90 kilos.
Cuando la silla se encontraba a la altura de 1,5 m, a mi amigo Manolo, que era el que estaba sentado en la silla, se le escapó un pedo que, aunque lo intentó, no pudo ahorcarlo. La mujer, que también estaba en el experimento, muy discreta ella, soltó una carcajada y un grito: “Manolo, ¿qué haces?”. Todo el disimulo de los restantes no valió para nada porque empezamos a reírnos, perdimos la concentración, la silla se cayó y el golpetazo en el suelo fue tremendo para el que estaba sentado.
CHEROKI A LA TRENA![]()
Espero que te pudras detrás de las rejas; ahora sólo deseo que el siguiente en hacerte compañía sea De Juana Chaos.
EL RAP DE LA VIDA DE DANI![]()
Me he levantado con el pie doblado. No ando hacia adelante, ando hacia los lados.
Un desayuno que me han preparado, con una tostada y un buen cola-cado.
También tres donetes me los como enteros, uno tras del otro, sin el agujero, sin el agujero, sin el agujero.
Me voy al cole, cojo caracoles, les doy guacamooole y los subo al trole… bus, bus, bus.
Y llego a la clase; me dice la seño: ¿qué te pasa, Dani? Que me caigo de sueño.
Que estoy agobiado, que esto es demasiado, son muchos deberes, pero, si tú quieres, me pones un diez y hemos terminado, hemos terminado, hemos terminado.
Lo que yo más quiero, aparte de padres, hermano y abuelos son los Reyes Magos que traen regalitos pa jugar to el día con mi hermano Nico, con mi hermano Nico, con mi hermano Nico. Dani es mi nieto y tiene seis años.
TODOS POR EL MISMO RASERO![]()
Machismo, racismo, xenofobia, homofobia y malos tratos.
Cierto es que en esta sociedad existe, como ha existido siempre, machismo, racismo, xenofobia, homofobia y malos tratos; esto último, sobre todo, a mujeres, niños y ancianos.
Cierto también que vivimos en un país de extremos, que no sabemos movernos en el término medio. Así que muchos hombres han pasado, jaleados por los medios de comunicación, de ser los más machos del mundo a que el que no sea maricón es el rarito; de encender las cerillas en la barba a pelearse con las mujeres por las cremas depilatorias; de hablar en los bares sobre mujeres, toros y fútbol a discutir qué detergente deja la ropa más blanca o qué truco es el mejor para quitar las manchas.
Antes, los hombres olían a sudor, vino, tabaco y palometa al roquefort; hoy el cuarto de baño de un hombre está lleno de perfúmenes de Cacharel, Loewe o Paco Rabane, sin contar cremas hidratantes, depilatorias y antiarrugas. Se ha pasado del baño semanal en barreño de cinc a la ducha diaria; de ser los más reacios al agua a ponernos a la cabeza de Europa en gastos en cosmética masculina. De “lo mío es empujar y lo demás son mariconadas”, a ser sensibles y llorones.
En fin, que nos estamos afeminando y las mujeres masculinizando, y ya muchas trabajan en profesiones vetadas para ellas durante siglos: hay bomberas, mineras, camioneras, taxistas, etc. En fin, que vamos camino de unificar las características de los dos sexos.
Digo todo esto porque ya se han dado casos de maltrato de mujeres a sus maridos, e incluso algún asesinato. Es el progreso e imagino que habrá que aceptarlo.
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LOS ESCRITOS DE DISCÓBOLO
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