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LOS ESCRITOS DE DISCÓBOLO

EL DETERIORO

EL DETERIORO

La última cena, de Leonardo da Vinci

 

Hace bastante tiempo leí una historia que contemplaba el deterioro de las personas. Esta historia contaba que Leonardo da Vinci, en su magistral obra La última cena, fue seleccionando modelos para copiar sus rostros, y que tanto Jesús como sus apóstoles fuesen imagen de hombres reales.

 

Para representar a Jesús, que fue el primero que pintó, eligió a un hombre joven, de diecinueve años, cuyo rostro reflejaba paz y serenidad.

 

Leonardo siguió buscando y pintando apóstoles, dejando para el final a Judas, ya que no encontraba a nadie que reflejara en su cara la mezcla de expresiones de un hombre traicionero, desleal e hipócrita que él tenía en su mente al decidirse a realizar dicha pintura.

 

Al fin, en una prisión, encontró a un condenado a muerte por varios delitos de robos y asesinatos, y le propuso que posara para él. El reo, al ver a Da Vinci, le dijo:

 

—Maestro, ¿no te acuerdas de mí?

 

—No te conozco; jamás olvidaría una cara como la tuya. Jamás olvidaría ese odio, ese rencor y esa miseria humana que transmite tu mirada.

 

—Maestro, hace años que posé para ti. Yo soy el Jesús de tu Última cena.

 

Recapacitando sobre esta historia, pienso que en un tiempo pude ser modelo para representar a Jesús; más tarde, seguramente, pude ser válido para representar a Judas; y ahora creo que soy el modelo ideal para representar al demonio (rabo incluido).

 

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