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LOS ESCRITOS DE DISCÓBOLO

R E T A Z O S

R E T A Z O S

 

 

Tengo muchos años, seguramente más que todos vosotros. He hecho de todo en la vida, creo que lo único que me falta es montar en globo y tener relaciones homosexuales, aunque nunca es tarde para subir en globo.

 

Desde los nueve años, mis vacaciones de verano me las pasaba trabajando de “traidor” en una editorial (¡niño, tráeme pacá el botijo!, ¡niño, vete a por un bocata con 2 pesetas de chorizo!). Después, mi Universidad fue la calle, el Mundo.

 

El otro día, leyendo Retazos de vida, de SugSpice, vi que tenía algo en común con él: yo también soy un pied-noir, he perdido a un hermano y a mis padres, y sé el desgarro que eso te produce, sobre todo la muerte de mi madre que, a pesar de mis años, es cuando sentí que se partía el cordón umbilical que me había tenido unido a ella y noté el sentimiento de impotencia más grande de mi vida. En lo referente a la música me lleva mucha ventaja, ya que yo quise aprender a tocar la guitarra, pero como las clases eran gratis, el profesor me dijo que sólo quedaban plazas para bandurria. Lo único que aprendí a tocar fue “clavelitos” (mi-fa-mi-fa-mi, mi-fa-mi-fa-mi) antes de mandarlo a hacer puñetas.

 

Después, en París, donde en mayo del 68 unos gendarmes me metieron en un furgón y casi sin darme cuenta de nada me pusieron directamente en España por la simple tontería de encontrarme, por casualidad, en medio de un follón donde la gente lanzaba adoquines a la policía y yo los fotografiaba, aunque en el informe policial ponía que yo portaba en mis manos cuarto y mitad de adoquines. Una vez en España fui “invitado amablemente” a hacer el Servicio Militar. Allí me encontré con un español nacido en Orán (Argelia), que, según él, que era mayor que yo, y también repescado, había sido miembro activo de la OAS (Organisation de l’Armèe Secrète). En cuanto llegaron los legionarios al campamento, nos alistamos con ellos.

 

En aquellos años había una competencia atroz con Regulares 2 y desfilábamos a 180 pasos por minutos y no a los 140 que lo hacen hoy, según oí en la tele. Por la mañana tenías que ir vistiéndote muy despacito, sin que lo notara el imaginaria, porque al terminar el toque de corneta ya tenías que estar formado en el patio. Desayuno e instrucción a tope. Otros días tiro, marchas, en fin, todo el día liados.

 

Pues este pied-noir, de apellido Pagán, en las clases de teórica (asignatura sobre armamento, tácticas de combate, etc.) se quedaba frito, lo que llevaba implícito hacer unas cuantas flexiones o un paso ligero de esos que las rodillas llegan hasta la frente. Un día de fuerte calor africano mi compañero pegaba cabezadas de todos los colores, hasta que se percató el suboficial que impartía la clase:

 

—Pagán, hágase 20 flexiones a ver si eso le quita el sueño.

 

—No pienso hacerlo, puede usted tomar las medidas que crea más oportunas.

 

—Muy bien, voy a dar parte por escrito de usted porque yo no tengo autoridad para meterle el paquete que le va a caer, ni el que a mí me gustaría.

 

—Le advierto que alegaré en mi defensa que usted es nulo como profesor, a no ser que me explique cómo se coloca una bomba en una caja de cerillas, o en un coche para que explosione nada más arrancar o a los diez minutos de puesto el motor en marcha.

 

—Usted no puede alegar nada; usted ha cometido un acto de indisciplina muy grave y deberá enfrentarse a las consecuencias, y como usted es nuevo, le advierto que no le van a gustar nada.

 

No sé lo que pasó, si los mismos legionarios le pusieron al corriente de lo que se jugaba, pero el caso es que desertó. Seguro que pasaría a Marruecos, ya que dominaba perfectamente el árabe. Ni siquiera se despidió de mí, no sé si porque yo le había dicho que de niño “trabajé” en el periódico del FLN (Front de Libération Nationale) argelino o simplemente por razones logísticas.

 

Todos tenemos un pasado, una vida, unos más dura que otros (la vida); por eso, puedo aconsejar y aconsejo (sin cachondeo) que procuremos olvidar lo malo pasado y hacer lo imposible por hacer agradable el tiempo que quede por vivir.

 

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2 comentarios

Discóbolo -

Sí, cuesta mucho y no estoy seguro de que sea bueno olvidar.

Besos.

Incrédula -

Qué fácil es pronunciar el verbo olvidar y que difícil, a veces, ejecutarlo.

Besos de una trasnochadora de fin de semana.
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