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LOS ESCRITOS DE DISCÓBOLO

M E D I C A M E N T O S

M E D I C A M E N T O S

 

Se celebraba una Junta extraordinaria de la multinacional Medical Money. En la espaciosa sala, con una mesa ovalada en el centro de la estancia, se hallaban sentados los principales accionistas. En sus rostros podía verse la satisfacción de todos por la buena marcha de la compañía, ya que en el último ejercicio había ampliado sus fábricas de productos farmacéuticos, con lo que hacía un total de 27 países donde fabricaba sus fármacos, daba trabajo a más de 12.000 empleados y sus ganancias seguían una línea ascendente, hablándose de millones de dólares.

 

Esperaban el informe del jefe del departamento de Investigación. Éste, vestido con una impecable bata blanca, portaba una voluminosa cartera de donde empezó a sacar los documentos del dossier que había tardado en reunir unos diez años.

 

—Señores accionistas, tengo una formidable noticia que comunicarles: Después de muchos años de estudios, de pruebas con animales y con personas, sin su consentimiento, por supuesto, contando con la colaboración de profesionales de la medicina a sueldo de nuestra empresa, hemos conseguido el medicamento definitivo.

 

En su cara se dibujaba una sonrisa de orgullo, pensaba que nadie podría arrebatarle el premio Nobel. Hizo un silencio premeditado para conseguir la máxima atención de sus oyentes, y continuó:

 

—Se trata de una sustancia que actúa sobre el sistema inmunológico potenciando las defensas humorales, con lo cual el ser humano sería inmune a la enfermedad.

 

Los accionistas de la compañía lo miraban con cara de asombro, que él interpretó como admiración y le dio alas para seguir su disertación:

 

—No quiero abrumarles con explicaciones médicas; sólo quiero darles otra noticia quizá mejor que la que acaban de oír: estamos en la buena línea para conseguir un medicamento que actuará contra la oxidación y, por tanto, contra la senilidad. Señores, estamos a punto de conseguir que el hombre viva muchos años y sin enfermedades.

 

Un murmullo creciente se fue oyendo en la sala. El director de la empresa, muy amablemente, le dijo:

 

—Puede retirarse, ya tendrá noticias nuestras. Gracias por su exposición.

 

Mientras el jefe de Investigación se retiraba de la reunión, los hombres de la mesa comenzaron una acalorada conversación. A los pocos días los principales accionistas recibieron una escueta circular confidencial de régimen interior.

 

“Los departamentos de Viabilidad, Producción y Comercial, en reunión conjunta, han estudiado la conveniencia de comercialización del medicamento presentado por el departamento de Investigación, llegando a la conclusión de que la producción de dicho medicamento supondría la modificación de toda la maquinaria de nuestras fábricas, la retirada de nuestros productos actualmente comercializados, lo cual supondría una recesión en las ganancias que pondría a la empresa en serias dificultades. Por otra parte, en un espacio no muy amplio de tiempo, otras empresas farmacéuticas pondrían a la venta medicamentos muy similares al nuestro, con lo cual nuestras ventas descenderían escandalosamente.

 

Por estas razones se ha decidido la conveniencia de la no comercialización del producto y el archivo del dossier para su posible utilización en tiempos futuros. Asimismo, se recomienda la continuación en el estudio del segundo medicamento sobre la oxidación y, una vez concluido, la no comercialización del mismo, con el fin de mantener la competencia de la empresa en tiempos venideros”.

 

Esta historia es producto de mi imaginación, pero ¿podría estar pasando algo parecido mientras la gente muere de enfermedades que pueden curarse?

 

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