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LOS ESCRITOS DE DISCÓBOLO

ABURRIMIENTO

ABURRIMIENTO

 

La noche avanzaba y al mismo ritmo mi aburrimiento. La televisión no ofrecía nada interesante. Encendí mi PC y entré en el chat. Puse en funcionamiento mi detector de mujeres inteligentes, simpáticas, agradables y amenas, es decir, las que tienen un buen culo. El detector se deslizaba suavemente sobre la lista de usuarios y, de repente, empezó a emitir su sonido característico: bip, bip, bip... La suerte me había sonreído, ella estaba allí, esperándome.

 

Nervioso, con una taquicardia producida por la emoción, me precipité a pinchar dos veces sobre su nick y apareció su ventanita en mi pantalla. Le dije: “Hola, soy Discóbolo”; me dedicó una sonrisa amplia, generosa, seductora; la miré a los ojos como si quisiera dejar grabada esa visión en mi mente.

 

Estuvimos hablando el tiempo suficiente para conocernos a fondo (unos diez minutos) y pasó lo que tenía que pasar: en un arrebato de pasión incontrolada le hice la pregunta que me estaba quemando toda la noche: “¿En tu casa o en la mía?”.

 

No le dio tiempo a contestarme porque Iberdrola decidió cortar el suministro eléctrico en el distrito 28024. Fue un apagón que duró escasamente dos minutos, pero fue suficiente para que al volver ella hubiese desaparecido.

 

Y, como dice la canción de Raphael, “yo no he vuelto a encontrarla jamás, desde aquel día”.

 

 

 

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