Inmobiliaria portuguesa
Inmobiliaria portuguesa
Restaurante chino
—Hola, Pulpito, ¿qué me cuentas hoy?
—Hola, Discóbolo, hoy te voy a contar que estoy harto de hacer el cibergilipollas. Harto de ser alto, moreno, con ojos verdes; unas veces separado, otras casado, dependiendo de lo morbosa que sea la dama contertulia; empresario, abogado, médico o militar..., cuando en realidad soy un frutero bajito, calvo como la entrepierna de la Nancy, con ojos saltones y tripa cervecera tan pronunciada que me impide vérmela hasta para mear.
—Bueno, Pulpito, por lo menos te evades un rato y no haces mal a nadie.
—También estoy harto de leer eso de “soy muy sincera, auténtica e irrepetible”. De que te vendan la moto describiendo un cuerpo de mujer escultural mientras la imagino en bata, con los rulos puestos, un culo que no le cabe en la silla y una cara hecha con un compás.
—Tú, en tu línea: muy positivo. No me negarás que es muy gratificante mantener una conversación amena, de esas que te proporcionan una gran satisfacción, que siempre te saben a poco y piensas que sería estupendo tener a esa persona a tu lado, como amiga, porque te das cuenta que enriquece tu espíritu.
—Déjate de chorradas, Discóbolo, lo mío en el chat son las cibermamadas, cuando en realidad lo que quiero es besar unos labios de mujer, aunque tengan sabor a chorizo de pueblo conquense, a empanada mallorquina, a butifarra catalana o a cocido madrileño.
—Venga, relájate y vete para el chat. En más de 35 puedes pillar cacho.
—Ya estoy tardando.
No puedo escribir hoy nada alegre o divertido, porque mi cabeza sólo está en disposición de narrar algo así como un diario de una muerte anunciada y espaciada en el tiempo de forma inútil y absurda, a forma de castigo a las personas que me quieren, porque para mí morir sería un descanso, un alivio, una evasión y un escape hacia un mundo de paz, supongo. Sería librarme del sufrimiento constante y machacón, difícil de vencer aun poniendo toda mi voluntad en un positivismo, inoperante ante la obviedad.
Solamente unos cuantos “elegidos” tenemos la desventaja de ver llegar el fin de nuestros días y hacerlo en un perfecto estado de facultades mentales, y, por tanto, conscientes de todo lo que acaece en nuestro organismo, sin necesidad de ningún tipo de escáner para ello. Nuestra mente recibe, en tres dimensiones, las imágenes del órgano dañado, y su lento pero inexorable deterioro hasta alcanzar el cese de la función para la que fue concebido.
Cuántas veces, simulando aquella película, que creo que se llamaba Viaje alucinante, donde se reducían hombres y submarino a un tamaño casi celular y se introducían dentro de un cuerpo humano, o la serie para niños de Érase una vez…, me he introducido en el interior de mi cuerpo y al llegar a los pulmones he exclamado: “¡Esto no hay quién lo arregle, esto es hormigón!”.
La fibrosis no detiene su marcha y se va extendiendo por los pulmones como una mancha de aceite. Es la marabunta o un banco de pirañas hambrientas y empeñadas en acabar por engullir su presa, pero todo proyectado a cámara lenta.
Y ya, viéndome tan cerca del final del camino, no me queda el ánimo ni la fuerza suficientes para pronunciar ni una letanía en forma de lamento desgarrador, ni una plegaria, ni una oración. Ni siquiera preguntar un ¿por qué? Ya sólo la esperanza de que los acontecimientos venideros no sean tardos en su desarrollo y concluyan sin necesidad de prolongarse más este sufrimiento que, como una maldición vengativa, cayó, quiero pensar que por azar, sobre mi familia y amigos.
A veces quisiera creer, creer que hay un otro lado donde me esperan mis padres y mi hermano Miguel, y donde yo esperaré, quisiera que fuese por mucho tiempo, al resto de mi familia y de mis amigos. Que existiese una continuación de esta vida, pero sin las injusticias y desigualdades que existen en este Mundo. Donde no haya privilegios para nadie. Quisiera que hubiese algo que justificara el paso por esta vida. Pero, desgraciadamente, no creo que un Dios pueda ser tan injusto, que en un punto insignificante del Universo haya puesto un planeta lleno de seres con entendimiento para comprender su sufrimiento, pero sin conocimiento del por qué.
Escrito antes del trasplante.
Después de mi trasplante quise leer lo que sobre mí se había escrito en los foros. Me fue imposible hacerlo porque, al empezar a leer, mis ojos se llenaron de lágrimas y no conseguía avanzar en la lectura. Por tanto, decidí copiarlo y guardarlo en un archivo para leerlo más adelante. Hoy ha sido ese día, pero sigo emocionándome, no sé si es por la edad que me está haciendo más sensible o, como dice una amiga mía, me estoy amariconando.
Son cantidades de mensajes de ánimo y buenos deseos, llegados de muchos sitios de España e incluso del extranjero. Tengo mensajes de, por orden alfabético, Alexandra, Amazonía, Ankara, Asereti, Bathyscaphe, Bruja36, Carson, Cora, Divina, Enid, Enik, Filipides, Gea, Gisela, Jazmín, Leonsolitario, Luzdemaría, Luzzz, Marieta, Paqui, Ploa, Roki, Rastinger, Rubita_2007, Sakkarah, Smama, Seikences, Sugus, Urania, Velus, Yaiza-II, Zandra… y algunos otros, además de un grupo numeroso de Invitados. A éstos hay que agregar los aue llamaron a casa para dar ánimo a la familia, y aún hoy siguen haciéndilo.
Lieter tuvo el detalle de dedicarnos un emotivo programa de radio desde su emisora “En Clave de Sol”.
YaSi merece una mención aparte, ya que, además de convertirse en el portavoz de la familia, me escribió tantos mensajes que con ellos podría hacer un libro titulado “Cartas sin contestación, dirigidas a un desagradecido”,
Desde aquí quiero daros las gracias a todos por haberme dado parte de las fuerzas que he necesitado para salir de este trance y haber hecho que me sienta apreciado y querido.
Gracias a todos,
Pienso que yo no me entiendo y no me quiero agobiar, y, por pensar, pienso a veces que no debiera pensar.
Pienso que no tengo nada, pienso que me voy a curar y, por pensar, pienso a veces que ya pensarlo es soñar.
Pienso que estoy en el campo, en la playa o en el mar, y, por pensar, pienso a veces que incluso puedo volar.
Pienso en las cosas sencillas, sencillas, como es “amar” y, por pensar, pienso a veces que un día lo voy a lograr.
Pienso jugar con mis nietos, llevarlos a pasear, y, por pensar, pienso a veces que sólo puedo pensar. | Pienso que vivo soñando, que nada de esto es real, y, por pensar, pienso a veces que me voy a despertar.
Pienso yo si en esta vida a alguien le hice mal, y, por pensar, pienso a veces que ahora me toca pagar.
Pienso que yo pienso mucho y no dejo de pensar, y, por pensar, pienso a veces que no sé ni en qué pensar.
Pienso que estando pensando el tiempo se va a parar, y, por pensar, pienso a veces que está más cerca el final.
Pienso, cuando me siento sensato, si no es inútil pensar; dejar que la vida marque mi destino y no pensar.
|
Por tus encantos,
tus lindos ojos,
tus labios rojos
que yo besaré.
Por tu dulzura,
por tu ternura,
por la tersura
que tiene tu piel.
Por tus sonrisas,
por tus caricias,
y por la dicha
de estar junto a ti.
Ya casi no entro en Internet, me siento sólo entre tanta gente que se esfuerza por intentar que mi vida sea normal, en hacérmela agradable, y mis palabras más repetidas son: “no me apetece, no puedo”.
Sólo hago caso a mi animal de compañía, un pulpo de agua dulce que aún no sé si es real o fruto, por llamarlo de alguna forma, de mi imaginación.
A veces me anima: “Tú que te comías el mundo, que en mayo del 68 levantabas barricadas en las calles de París, que fuiste una institución respetada en el Tercio, que no te asustaban las bombas que explosionaban a tu lado en Saigón, y tantas veces que te jugabas la vida alegremente..., y ahora, mírate, acobardado, acojonado por nada”.
Otras veces me cuenta su vida: “Verás, he vivido varias vidas; ésta es mi quinta reencarnación. En una de mis vidas anteriores fui una araña y tuve una relación maravillosa con la más hermosa araña del Universo. Me enamoré de sus ojos, de la blancura de sus dientes, de sus labios..., de toda ella. Hicimos un viaje de placer a Palma de Mallorca y allí se terminó todo: me pilló en dos infidelidades (sin contar la de la profesora de matemáticas, que me la había perdonado). La primera vez me sorprendió cabalgando sobre la camarera de habitaciones del hotel, y la segunda bebiéndome una fanta en el surtidor de la entrepierna de la mejor amiga de la camarera, mientras ella sostenía una naranja en su boca”.
— ¡Qué mentiroso eres, Pulpito!
—Ay, calla, si yo te contara... Desde la princesa altiva, a la que pesca en ruin barca...
— Anda, déjame descansar y no plagies.
Elucubraciones mañaneras de una mente castigada por el insomnio.
Escrito anterior al trasplante.