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LOS ESCRITOS DE DISCÓBOLO

LABERINTO

LABERINTO

 

 

Encuentran un cadáver y en un bolsillo llevaba una carta dirigida al juez. Esta carta decía lo siguiente:

 

Señor, juez:


      No culpo a nadie de mi muerte, me quité la vida, porque en dos días más que viviera no sabría vivir en este mar de lágrimas.

 
      Tuve la desgracia de casarme con una viuda; de haberlo sabido no me hubiese casado, porque ella tenía una hija; mi padre, que era viudo también, para mayor desgracia, se enamoró de la hija de mi mujer, de manera que mi esposa era suegra e hija de mi padre, por tanto, hermana mía, hija de su suegra y al mismo tiempo mi padre era mi suegro y yo yerno de mi madre.


      Al poco tiempo la mujer de mi padre, o sea, mi madre, trajo al mundo un varón que era mi hermano, mi cuñado y mi nieto.

 

      Al correr el tiempo, mi mujer trajo al mundo un varón y como era hermano de mi madre, era cuñado de mi padre y tío de su hijo. A la vez mi mujer era suegra de su propia hija y yo padre de mi madre, mi padre y su mujer son mis hijos y, además, yo soy mi propio abuelo.

 
      Ya ve señor juez, me despido del mundo porque no se quien soy.

 

 

                                                     Fdo: El Muerto.

Recibido en un correo.

 

 

 

PARECIDOS

PARECIDOS

 

No me explico la manía que tiene la gente, sobre todo las mujeres, de buscarle un parecido a los niños pequeños:

 

—Es clavadito a su abuela materna.

 

—Pues no, señora, va a ser que no porque la madre del bebé es adoptada.

 

—Los ojos son de su padre.

 

—Pues tampoco, señora, porque el niño se concibió por fecundación in vitro, con semen de un banco de esperma.

 

En cierta ocasión viajaba en Metro junto a mi mujer, que llevaba en sus brazos a nuestra hija de muy poquitos meses. Ella iba sentada con la niña y yo permanecía a su lado de pie. En una estación subió al tren una señora que se colocó a nuestro lado, empezó a hacer carantoñas a la niña e inició una conversación con mi mujer:

 

—¡Qué niño más simpático, mira cómo se ríe!

 

—Es niña, señora.

 

—¿Cómo se llama?

 

—Se llama Eva.

 

—Tiene la misma cara que el padre.

 

Mientras decía esto señalaba a un señor que iba sentado frente a mi mujer y que no conocíamos de nada. El hombre puso cara de asombro, mi mujer me miraba y se reía y yo no quise decirle nada, pero pensé: “¡Que Santa Lucía te conserve el oído, porque lo que es la vista ya no tiene arreglo!”

 

Y al llegar a su estación se apeó del tren tan pancha.

 

 

NO TENGO ÁNIMO

NO TENGO ÁNIMO

 

 

                              No tengo ánimo para ser poeta,

                              todo se me pasó, hasta la vida;

                              pero sigo, por vicio y por inercia,

 

                              pegado a mi teclado. La poesía

                              ya no es mi refugio, ni mi casa.

                              De vez en cuando hago unas letras

 

                              para sentirme vivo, aunque me muera.

Escrita antes del trasplante.

 

 

LÁPICES PARA LA PAZ

LÁPICES PARA LA PAZ

"Creemos en la educación para la paz, la cooperación y la solidaridad entre los pueblos porque a través de la educación avanzaremos en la lucha contra la discriminación y la desigualdad."

 

En esto creen las personas que trabajan en Lápices para la paz, organización que tiene por fin ayudar a los más  necesitados, desinteresadamente. Es un pequeño grupo que necesita darse a conocer y ¿qué mejor medio que el más popular hoy en día, que es Internet, si exceptuamos la televisión? Y quienes tenemos un blog podemos ayudarles poniendo un enlace de su web y un pequeño mensaje dándoles a conocer. No cuesta nada, sólo unos minutos de esos muchos que solemos perder, muchas veces en tonterías, delante de la pantalla del ordenador.

 

Si con esta acción, aunque una sola persona llegue hasta ellos, les conozca y "corra la voz de que existen", doy por compensados los pocos minutos que he dedicado a poner este mensaje y el enlace de su página.

 

La dirección de este grupo, que hace una esplendida labor humanitaria cada día, es la siguiente:

 

http://www.lapicesparalapaz.com/

 

 

Copiado el texto del blog Sin matasellos, y la imagen copiada del blog de Sakkarah, y como me parece buena idea, pues colaboro.

 

 

 

PROVERBIO ITALIANO

PROVERBIO ITALIANO

 

Si la vitalità e grande e tutto va bene: Avanti con il pene.

 

Ma, si la situazzione e dificile e la forza mengua: Avanti con la lengua.

Si questa posizione si torna imposibile e tutto intento inhumano: Avanti con la mano.

 
Ma, si niente funciona, e tutto e nulo: Avanti con il culo.


¡Ma, Avanti…, sempre Avanti!

 

 

I N S U L T O S

I N S U L T O S

 

 

¿Por qué siempre las mujeres sufren las ofensas, sea quien sea al que se quiere insultar? ¿Qué culpa tiene mi madre de mis desmanes para que la llamen puta… o mi mujer si me llaman cabrón? ¿Por qué no me insultan a mí directamente? Incluso si me llaman maricón con ánimo de ofenderme, es también un insulto a la mujer, ya que me comparan con ella de forma despectiva y despreciativa, en mi actitud y pensamiento.

 

Antes, si a tu madre, mujer o hija alguien las llamaba puta, sabía que no se iba a ir de rositas, y a eso se exponía. Ahora no hay mucho motivo para ofenderse porque una puta es “una trabajadora del sexo”, y un cabrón, el marido de esa currante, que tiene derecho a vacaciones por paternidad.

 

No creo que el que llama “hijo de puta” a alguien esté pensando en la madre del ofendido apoyada en una esquina de la calle Montera girando el bolsito y asaltando a posibles clientes, ni en la Casa de Campo con un tanga puesto. Pienso que ese “qué hijo de puta eres” equivale a “qué mala leche tienes”, y si le añades “cabrón”, queda redondo.

 

Es decir, que la Semántica cambia. Si tú ves a una señora con un niño y le dices:

 

—Este niño tiene maneras refinadas, o

 

—Este niño debería estar menos entre mujeres porque tiene un leve afeminamiento, o

 

—Este niño es maricón perdío.

 

Seguro que la mujer reacciona de diferente forma, mientras que con las tres definiciones hemos querido decir lo mismo. Y como empecé a decir antes, la Semántica va cambiando al ritmo que imponen, en estos casos los políticos:

 

“Vamos a proteger (que lo veo bien; a menos tiburones, más bacalao) a los maricones, que son muchos, con gran poder adquisitivo y, generalmente, cultura elevada muy superiores a la media nacional, lo que supone un aumento de votos en las urnas. Empezaremos cambiándoles el nombre por homosexuales, o mejor, por “gays”, para que se sientan internacionales, aunque entre ellos se llamen “maricón”. También aceptaremos su banderita multicolor y, como “el día del subnormal”, “el día de la mujer trabajadora”, etc., le daremos “el día del orgullo gay”: ¡hala!, un día para mariconear libremente por las calles vestidos de locas.

 

¿Para cuándo el días del orgullo del agricultor, del camionero, del marinero o del desencapullamonos? Y es que si la cabras votaran, estarían paseando por nuestras calles como las vacas por la India.

 

Ya se me ha ido la olla; empecé hablando sobre insultos y he terminado haciéndolo sobre maricones o, mejor dicho, del provecho que los políticos sacan de ellos.

 

 

EL AMOR DE LOS AMORES

EL AMOR DE LOS AMORES

 

 

                    ¿Cómo te llamaré para que entiendas

                    que me dirijo a ti, dulce amor mío,

                    cuando lleguen al mundo las ofrendas

                    que desde oculta soledad te envío?

                    A ti, sin nombre para mí en la tierra,

                    ¿cómo te llamaré con aquel nombre,

                     tan claro que no pueda ningún hombre

                    confundirlo, al cruzar por esta sierra?

                    ¿Cómo sabrás que enamorada vivo 

                    siempre de ti, que me lamento sola

                    del Gévora que pasa fugitivo

                    mirando relucir ola tras ola?

                    Aquí estoy aguardando en una peña

                    a que venga el que adora el alma mía;

                    ¿por qué no ha de venir si es tan risueña

                    la gruta que formé por si venía? 

                    ¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales

                    todos en flor, y acacias olorosas,

                    y cayendo en el agua blancas rosas,

                    y entre la espuma lirios virginales?

                    Y, ¿por qué de mi vida has de esconderte?

                    ¿Por qué no has de venir si yo te llamo?

                    ¡Porque quiero mimarte, quiero verte

                    y tengo que decirte que te amo!

                    ¿Quién nos ha de mirar por estas vegas,

                    como vengas al pie de las encinas,

                    si no hay más que palomas campesinas

                    que están también con sus amores ciegas?

                    Pero si quieres esperar la luna,

                    escondida estaré en la salsa-rosa,

                    y si vienes con planta cautelosa,

                    no nos podrán sentir paloma alguna.

                    Y no temas si alguna se despierta,

                    que si te logro ver, de gozo muero,

                    y aunque después lo cante el mundo entero,

                    ¿qué han de decir los vivos de una muerta?

 

cAROLINA cORONADO.

 

 

 

 

CHISTE (núm. 2)

CHISTE (núm. 2)

LA TELEFONISTA

 

Hotel de una capital de provincia.  Tarde de invierno.  Llueve  mansamente sobre las calles desiertas.  Nuestro héroe, después de haber  comprobado que no hay fútbol en la tele, que el hilo musical no funciona y de haber agotado el mueble-bar, hojea distraídamente la Biblia que hay  sobre la mesita de noche.  Parece animarse y descuelga el teléfono:

Recepción.
Buenas tardes, señorita.  ¿Tienen horarios de trenes?

Pues no, lo siento.

No importa, gracias.  Por cierto, ¡qué voz tan agradable tiene usted! Me pregunto a qué hora termina su turno...

Nuestro héroe, echando mano de toda su labia, convence a la telefonista para que se tome una en su habitación. La telefonista sube y naturalmente terminan en la cama.  Mientras disfrutan del segundo pitillo después del acto, la telefonista, con ojos risueños dice:

¡Quién me iba a decir a mi que iba a terminar en la cama contigo!.  Si apenas nos conocemos...

Pues yo lo sabía.  Responde nuestro héroe.

¡Que lo sabías!  Y ¿Cómo?

Muy sencillo: está escrito en la Biblia.

En la Biblia.  ¡Qué me dices!  ¿En qué capítulo?  ¿En qué versículo?

No, no, aquí en la contraportada, escrito a bolígrafo:


¡¡¡LA TELEFONISTA FOLLA!!!