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LOS ESCRITOS DE DISCÓBOLO

LA TUMBA PERDIDA DE JESÚS

LA TUMBA PERDIDA DE JESÚS

 

 

 

El cine ha encontrado un filón en la figura de Jesucristo, y la prueba la tenemos en las más de 100 películas que sobre el tema se han filmado, algunas de ellas dando beneficios espectaculares, como Los Diez Mandamientos, de la que C. B. DeMille hizo dos versiones.

 

Pero mientras más dura y más polémica, más morbo, más taquilla y más dinero, que es lo que se pretende. Así que la cosa ha ido in crescendo y más directores subiéndose al carro de los dólares, empezando por Martin Scorsese con La última tentación de Cristo, Mel Gibson con La Pasión de Cristo, Ron Howard con El Código Da Vinci y para poner la guinda y no quedarse fuera del pastel, James Cameron y Simcha Jacobovici se sacan de la manga un documental (La tumba perdida de Jesús) sobre una supuesta tumba de Jesucristo.

 

Se trata de un sepulcro hallado en Jerusalén, en el barrio de Talpiot, donde hay varios nombres grabados: Jesús, María, José, Mateos, Judas...,  que es la prueba que tienen estos cineastas para asegurar, en contra de la opinión de los arqueólogos israelíes que señalan que las pruebas son inconsistentes, y de  la tradición cristiana que ubica el sepulcro de Jesús bajo la basílica que mandó construir Santa Elena, madre del emperador Constantino el Grande, en el siglo IV, para proteger ellugar.

 

Según el censo de aquella época, se calcula que había más de 600 familias judías con coincidencia de nombres entre sus miembros. Pero, como digo, todo es bueno para sacar dinero, y han esperado veintisiete años después de su descubrimiento para, espoleados por el éxito económico que está aportando la figura de Jesús en el cine, sacar este documental, que no hará ningún daño a la Iglesia, como no se lo ha hecho El Código Da Vinci, pero sí dará muchos millones a los listos que saben cómo conseguirlos. Y no hará daño porque, aunque fuese cierto, la doctrina de la Iglesia católica, que, según muchos autores no fundó Jesucristo, sino San Pablo, con la cabeza visible de San Pedro, forma parte de nuestra memoria histórica, para bien o para mal y pese a quien pese.

 

 

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