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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Diálogos con mi pulpo. DIÁLOGOS CON MI PULPO![]()
LÍBANO
—Hola, Discóbolo.
—¡Pulpito!, ¿tú por aquí? Ah, ya, vienes a hablarme de los cayucos en Canarias.
—No, si te quieres informar sobre ese tema, lee la web de cualquier mafia de traficantes de personas, donde te dicen que no te preocupes de nada, que el viaje es un poco incómodo, pero que seguramente algún barco español te recogerá, te llevarán a tierra, te alimentarán, te darán ropa y, pasados unos días, te trasladarán a la Península en un viaje en avión pagado por Zapatero. Una vez en la Península, ya puedes empezar a trabajar, comprarte tu coche, una casa y llevarte a la familia. Pero no se te ocurra pasar a Francia porque desde allí sí que te repatrian.
—Menos mal que no querías hablar de los cayucos.
—Yo quiero hablarte del Líbano. ¿A quién se le ocurre meter a 1.100 soldados españoles en un lugar donde cualquier “pirao” tiene un kalasnikov, por no decirte una ametralladora de gran calibre con varias bufandas de balas, o un lanzagranadas, y que, además, piensa que morir utilizándolos es lo mejor que le puede pasar? Por si fuera poco, enfrente tienen al ejército mejor equipado del mundo esperando que al “pirao” se le vaya una ráfaga o un katiuska para lanzar un bombardeo, importándole tres huevos quién esté debajo.
—Hombre, tanto Líbano como Israel han aceptado el envío de soldados de la ONU.
—¿Y los “piraos”? Además, otra cosa muy importante es el dinero. Según las informaciones, se espera que la misión dure un año, lo que supone un gasto de 240 millones de dólares, a los que hay que sumarle los 30 millones que el Gobierno ha ofrecido para reconstruir Beirut. Es decir, lo destrozan los israelíes y lo pagamos nosotros. ¿Se puede ser más tonto?
—Mira, Pulpito, éstas son cosas de alta política internacional que se nos escapan a los ciudadanos de a pie.
—Pues a mí lo que no se me escapa es que con esos casi 300 millones de euros (50.000 millones de pesetas) se podían hacer canalizaciones para evitar que el agua de lluvia fuese al mar, hacer un buen plan hidrológico para paliar la sequía, que ése sí que es un problema nuestro; construir pisos subvencionados para jóvenes…, en fin, mil cosas.
—No te olvides de que suban las pensiones, Pulpito, que yo estoy jubilado.
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LECCIÓN DE TEOLOGÍA
—Buenos días, Pulpito.
—Hola, Discóbolo, quiero que me alecciones sobre la forma de pensar de los humanos, porque hay muchas cosas que no entiendo, por ejemplo, las religiones. Para empezar, dime quién es Dios.
—Pulpito, la Teología no es mi fuerte, pero, si no recuerdo mal, el Catecismo decía: “Dios es un Ser infinitamente bueno, justo, sabio, poderoso, principio y fin de todas las cosas, creador del Cielo y de la Tierra, por quien todo fue hecho...; además, es nuestro Padre y nos hizo a su imagen y semejanza”.
—No me cuadra nada, Discóbolo, porque: si es infinitamente bueno y justo, ¿cómo consiente el sufrimiento de tantas personas, de tantos niños que jamás hicieron mal alguno? ¿Qué criterio sigue para que unos tengan una vida regalada y otros vivan puteados antes incluso de nacer? Si es infinitamente sabio y poderoso, ¿por qué consiente que nazcan violadores asesinos, por ejemplo?
—Pulpito, Dios nos da el conocimiento y el poder de decisión para poder elegir entre el bien y el mal.
—Cierto, pero en su inmensa sabiduría sabe que el asesino elegirá el mal camino y aun así le permite vivir para después condenarlo al fuego eterno. Crear un hijo así es una putada para el propio hijo y para los “hermanos” que se encuentren en su radio de acción. Si Dios es así, lo único que me cuadra es que estáis hechos a su imagen y semejanza.
—Nunca lo entenderás, Pulpito, los designios del Señor son inescrutables.
—Yo alucino contigo, Discóbolo, tú debes creer en extraterrestres y en gnomos, y pensar que los abogados son gente honrada.
—De todas formas, Pulpito, si alguna vez te ves en una situación muy extrema, acude a Él, “por si acaso”; todo el mundo lo hace, incluso los que se jactan de ser ateos.
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PULPO MACHISTA
—Hola, Pulpito, ¿vienes a tomar ya las clases de las que hablamos?
—Mira, Disco, déjate de chorradas, que no tengo hoy los huevos para colgarme farolillos. ¿Me entiendes? Además, he ligado dos pibitas y vamos a recordar viejos tiempos.
—Eh, no te pases. Yo soy un hombre casado y fiel a mi mujer.
—Vamos, ¡no me jodas! ¿No recuerdas aquella aventura que tuvimos con aquella camarera tan desgarbada del hotel en Mallorca y su amiguita la featona? Sí, ya sé que en cuanto pudiste me dejaste solo con las dos, pero eso seguro que no lo has contado, ni lo del gatillazo, y mucho menos enseñado las fotos.
—Estas cosas me pasan por tener amigos chantajistas: aun así, no pienso acompañarte.
—Que sí, hombre, que sí. Verás: son chicas amenas, escasas de neuronas. Eso sí, hay que ir cargado de cubatas para soportarlas. La más alta es ludópata, así que, si quieres, te la llevas al bingo, con que cante una línea es tu esclava sexual toda la noche, y la otra, con dos cubatas de garrafón va apañada.
—Eso no es una razón suficiente para que sean livianas en asuntos de sexo.
—No te enteras, Contreras: Una tiene dominio de lenguas: francés y griego, aunque sólo sabe decir oui y dracma. A la otra la llaman “La Sorbona”, y no por haber estudiado en la universidad parisina, porque ella no tiene estudios y en cada momento lo demuestra. Nosotros vamos a buscar sexo, y si surge amistad, pues salimos corriendo. Y, claro, elijo yo, que para eso tengo mi técnica. Cuando voy acompañado, las suelo decir: “Oye, chata, ¿ves este cuerpazo serrano que tengo? Pues vente conmigo, que cuando veas a mi amigo te vas a quedar más colgada que mis güevos”.
—¿No me digas que soltando esa grosería ligas?
—Mira, Disco, soy tan chulo que gané un concurso de comer hamburguesas en una hora, y eso que durante los primeros cuarenta y cinco minutos me estuve tirando a la presidenta del jurado. Pero la verdad es que llevo una racha mala, y aunque estén más estropeadas que la cama de la niña del exorcista, como voy a ir muy borracho, no lo notaré.
—¿Y por qué no las dejas que se autoinduzcan ellas solitas sus orgasmos?
—No sabrían. La rubia se pone la compresa al revés, y, aunque está muy depiladita (antes parecía que llevaba entre las piernas una liebre acostada), cuando le hacen la prueba de la alcoholemia, siempre el aparato que le toca a ella lleva en la punta un glande incluido. A la otra nadie le hace caso; pasa más inadvertida que un pedo en un yacusi. Así que obra misericordiosamente con tus prójimas.
— No te puedes imaginar la producción de bilis que produce mi hígado al oírte, mucho más si hago el amor con esas mujeres que me propones.
—Hazme ese favor, Discóbolo, ¿no ves que sólo ligo con cayos malayos? Antes de acercarme a ellas, tengo que respirar hondo y contar hasta el infinito… varias veces. Además, no puedo aspirar a otra cosa con los 540 eurazos que gano al mes por mis doce horitas diarias de curro, y eso que he recorrido cientos de empresas, pero aguanto menos en el curro que tú debajo del agua. Cuando te pones así de duro conmigo, me dan ganas de recurrir a la famosa frase esa de “¿para qué discutir si esto se puede arreglar a hostias?”
—Pulpito, desparece de mi vista y no vuelvas hasta que te hayas convertido en una persona, porque ahora eres un despreciable machista. Y yo también sé decir frases de gente como tú. Ahí va una: “¡Jesús te ama! Todos los demás pensamos que eres un cabronazo”.
—Vale, hasta mañana.
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PULPO EN PLAN CHULETA
Se encontraba Discóbolo sentado, como siempre, en su ordenador, cuando oyó que el timbre de la puerta sonaba con insistencia.
—Voy, un poco de calma, que no estoy para esprintar.
Al abrir la puerta, una masa viscosa con ocho tentáculos se le lanzo encima y comenzó a abrazarle.
—Pulpo, qué alegría, creí que habrías caído en las redes de arrastre de algún pesquero o atravesado por el tridente de algún submarinista desaprensivo.
—No ha nacido el que se atreva, Discóbolo, ya sabes que a chulo y a la taba se murió el que me ganaba.
—No cambias, Pulpo. Cuéntame qué ha sido de tu vida.
—Lo de siempre, dejando mal al Tenorio: Yo no digo poesías, pero follo que te cagas.
—O sea, que después de estar casi un año perdido, apareces vacilón y colocado.
—Que no, Disco, que no. Es que este año he vivido rodeado de gente marginada, macarra y de mal vivir. Disfrutando de la noche; vamos, saliendo más de noche que el camión de la basura. Además, sabes que nunca he tomado drogas y que no pienso volver a hacerlo.
—Ahora dime que eres virgen y te creo.
—Te lo juro por mis niños, Discóbolo.
—¿Y a qué viene ese vocabulario de chulo barriobajero?
—Es que he aprendido mucho por esos barrios castizos.
—La verdad es que físicamente te veo muy bien.
—Para conseguir este cuerpazo me he machacado todos los días durante un fin de semana. Me apreté no una, ni dos, sino tres series de abdominales de una repetición y me hice un par de tablas: una de quesos y otra de ibéricos.
—Bueno, déjate de tonterías porque me apetece seguir contigo aquellas charlas que teníamos, cuando te enfadaban los temas políticos y teníamos nuestras discusiones constructivas para ambos, y digo “ambos” por ser exageradamente amable contigo. Quiero saber de tu vida, de tus amoríos, si te has casado, cómo te va en el trabajo, etc.
—¿No te parecen muchas preguntas a la vez?
—Vale, empieza por donde quieras.
—De casarme, nada. Todos mis amigos están divorciados. Les han quitado los hijos, el piso, y encima tienen que pagar una pasta al mes y a sus ex mujeres se las follan cubanos sin papeles. Según estos amigos, después de la vuelta del viaje de novios, su felicidad fue cayendo en picado, así que, a riesgo de joderme la columna vertebral, haré como Juan Palomo: “yo me la chupo, yo me la como”, o si no las ventosas de mis tentáculos van a perder el poder de succión de tanto usarlas.
—Es decir, ¿que sigues de juerga en juerga?, y, por favor, modera tu lenguaje, que algún día esto lo leerán mis nietos y no quiero que se lleven una opinión equivocada de su abuelo, por aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres”.
—¿Te ofende? A ti lo que te pasa es que, desde que no estoy contigo, pierdes más aceite que las furgonetas de Locomía y un gitano juntas. Y sí, me paso todas las noches de cacondeo. Es que me he convertido en una ONG del sexo, y ahora, en verano, con unos cursitos de idiomas, ni las extranjeras se me escapan. Toma nota, ignorante: tu sei la più bella del mondo (quiero acostarme contigo); Io sono innamorato di te, ¿vorresti sposarti con me? (mis amigos ya han pillado cacho, ¿por qué no te acuestas conmigo para que no se rían de mí mañana?). ¿Ves? Si a esa cultura le añades este físico, pues éxito asegurado. Además, me he endurecido mucho: ya no me dan pena las necesidades fisiológicas de las pulpitas. Y es que al mirarme al espejo me he dado cuenta de que estoy llamado a ocupar el gran hueco que ha dejado Nacho Vidal al retirarse. —Tendré que reeducarte.
—Anda ya. ¿Prefieres que sea un pijo superhastiado a que me confundan con esos mugrosos parásitos sociales de ideología peligrosa de izquierda? ¡Qué superfuerte, tío! ¡O sea, que no se desparramen!, ¡¿vale?!
—Desde mañana, te quiero ver aquí para empezar las clases. Venga, sigue contándome cosas de ti.
—Bueno, del trabajo… sabes que soy muy exigente, así que he aceptado un curro donde me pagan una miseria por trabajar doce horas cada noche. Trabajo de desatrancador de tuberías… femeninas.
—Mejor es dejarlo, ya mañana hablaremos de cómo tienes que hablar; si no lo haces así, tienes dos opciones: o “a la gallega”, o volver al río de donde te saqué.
—Ok, brother.
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Pulpo machote, invasor
EL PEZ-POLLA —Discóbolo, estoy deprimido. Ha llegado un pulpo a mi zona de influencia que tiene una polla descomunal, así que los otros pulpos y yo estamos temerosos de que se lleve a todas las pulpitas. —Bah, Pulpito, no te preocupes, ¿no has oído nunca que el tamaño no importa? Además, no es conveniente tener un pene exagerado por distintas razones: a menor tamaño, menos cantidad de sangre necesita bombear el corazón para mantener una erección, y lo más importante es que las mujeres no le dan mucha importancia al tamaño, yo diría que muy poca; ellas están más preocupadas de los sentimientos que del sexo en sí, por lo menos la mayoría de las que yo conozco (excepto un par de ellas de cuyo nombre no quiero ni acordarme); en otras palabras, que prefieren dureza y duración.
—Discóbolo, pues nosotros, cuando nos dejaban desnudos en el servicio militar para la ducha colectiva, mirábamos de reojo la herramienta de los demás para comparar. A veces nos poníamos contentos y otras se nos caía el mundo encima. La satisfacción más grande es cuando veías a un musculitos guaperas y pensabas: “menudo chasco se va a llevar alguna”. —Tranquilízate, Pulpito, el tamaño del pene es un problema que sólo afecta a los hombres, no a las mujeres. —Discóbolo, cuando hablas así es que eres un pichacorta. Seguro que la tienes más pequeña que el rabillo de una boina. —Sin comentarios, Pulpito.
DIÁLOGOS CON MI PULPO![]() LA ESTATUA DE FRANCO
—Hola, Pulpito, ¡qué mala cara traes hoy!
—No me hables, Discóbolo, vengo de la manifestación en contra de la retirada de la estatua de Franco.
—Ah, pues yo lo veo muy bien, esa estatua del Dictador no pinta nada delante de los Ministerios, ni en ningún sitio. Sólo trae malos recuerdos de una etapa negra de nuestra historia.
—Pero negra o blanca, es nuestra historia. ¿O tenemos que cargarnos todo lo que nos recuerde malas etapas?
—Mira, Pulpito, esa estatua se puso ahí porque lo ordenó el señor que mandaba entonces, y nadie protestó. Ahora se quita porque lo ordena el señor que manda, así que no sé por qué protestas.
—No se puede olvidar la Historia, buena o mala, así que si se quita esa estatua deberían quitarse la de tantos reyezuelos que exprimieron al pueblo, empezando por los Reyes Católicos, sus ascendientes y descendientes.
—No exageres, Pulpito, con esos reyes que tú dices, España llegó a ser el Imperio más grande de la Tierra.
—Sí, a costa de la sangre de los españoles. Así que si empezamos a quitar estatuas y símbolos que recuerden malos tiempos para los españoles, puedo darte una lista.
—Empecemos por el Valle de los Caídos, Pulpito.
—Estupendo, Discóbolo, y, por poner sólo dos ejemplos: los romanos nos invadieron, destruyeron nuestra cultura, asesinaron, violaron, hicieron esclavos y toda clase de barbaridades. Los árabes no se quedaron atrás. Así que destruyamos todo lo que nos lo recuerde, cualquier vestigio de su paso por España, incluidos el acueducto de Segovia, la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada, etc. Y puestos a olvidar lo nefasto de nuestra Historia, olvidemos a la Santa Inquisición, así que fuera todo lo que nos lo recuerde: iglesias, catedrales, monasterios...
—Esto es diferente, Pulpo, muchas personas damnificadas siguen vivas.
—Pues nada, que sigan con homenajes a los camaradas que daban los paseíllos a los que después fusilaban, que todos sus damnificados están muertos y además eran menos españoles, y que borren todo lo que recuerde a Franco: que dinamiten los pantanos, hospitales, carreteras, universidades, etc., construidos bajo su mandato; que anulen la validez de los títulos universitarios, los permisos de conducir que se otorgaron desde 1939 a 1975, e incluso los matrimonios que se celebraron en ese período.
—Pulpito, se te nota mucho que hoy no has recibido tu dosis de metadona.
—Menos mal que aún queda gente honesta consigo misma. Sin ir más lejos, una amiga me ha comunicado que en Santander hay una plaza que la llaman la “Plaza de los seis huevos”, donde aún no se ha quitado la estatua de Franco montado a caballo. Los “seis huevos” se reparten así: dos, del caballo; dos, de Franco, y dos, del alcalde que no permite que la tiren.
—Vete ya, Pulpito, y cuidado no pierdas el carné de facha.
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EL AMOR
—Buenos días, Discóbolo, hoy quiero que me hables del amor.
—Cada día me lo pones más difícil, Pulpito: el amor es muy difícil de definir. Principalmente es un sentimiento muy intenso hacia otra persona, una entrega total sin esperar nada a cambio, un querer desear que esa persona sea la más feliz del mundo.
—Según esa definición, ¿debo dejar que mi pulpita se tire a Mister Pulpo 2008 porque eso la haría muy feliz?
—No digas barbaridades, para eso te tiene a ti.
—Es decir, que disfrute todo lo que quiera, pero conmigo, bajo mi control. ¿Eso no es egoísmo y posesión?
—Pulpito, no me líes.
—Verás, yo es que estoy enamorado de una pulpita y eso que ya estoy casado.
—Eso no es amor, Pulpito, eso es un espejismo, un deseo. No se puede estar enamorado de más de una persona a la vez. Si tienes esos sentimientos es porque verdaderamente no amas a tu mujer.
—Mira, Discóbolo, los pulpos somos polígamos por naturaleza, y espero que las leyes de la sociedad y de las religiones no lleguen nunca al río.
—Vale, Pulpito, mañana me preguntas por la eutanasia.
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PULPO POETA
—Discóbolo, tengo inflamada la vena poética, y es que estoy enamorado de una pulpita que entra en Internet que no me hace ni caso. —Me extraña que no te haga caso, Pulpito, tú tienes mucho carisma. Seguramente se esté haciendo la dura para hacerse desear, es una táctica de algunas mujeres. —Dios quiera que sea eso, Discóbolo, porque anoche mismo no pude dormir pensando en ella, y mira qué poesía le he escrito: Te busco todos los días, entre las ondas hercianas, pero tú sigues perdía porque a ti te da la gana. Yo quiero ciberfollarte, quiero teclear tu cuerpo, quiero chuparte y morderte hasta que me quede muerto. —Eres un serio candidato para el Premio Cervantes de Poesía, aunque lo vas a tener muy difícil porque aquí en el foro hay vario/as que escriben poesías con una profundidad parecida a la tuya. —No te burles de mí, Discóbolo, ese premio no existe. —Pues tendrán que crearlo para vosotros, porque tanta sensibilidad, tanto arte, tanta métrica bien aplicada no pueden quedar sin premio. —¿Sabes que te digo, Discóbolo? Que te folle un pez-polla. —Pulpito… ¿Dónde has dejado hoy tu sentido del humor?
DIÁLOGOS CON MI PULPO![]() LOS ESCRITOS DE DISCÓBOLO —Hola, Discóbolo. Me he enterado que has abierto un blog. —Hola, Pulpo. ¿Lo has leído? —Por eso vengo a verte, para decirte que tú mismo te crees tus mentiras. Me parto contigo. —La cantidad de tiempo que he perdido tratando de darte educación... ¿cómo te atreves a hacer una afirmación así y a qué mentiras te refieres? —He hablado con alguien que te conoce bien y dice que todo lo que escribes es mentira. Empezando porque tu infancia no fue dura porque eres hijo único de una familia adinerada y jamás has estado en un colegio interno. —Es verdad, soy hijo único e irrepetible, pero con cinco hermanos. —Lo de París del 68 y Estrasburgo es otra milonga: lo más lejos que has ido ha sido a Alicente. Así que eso de que has estado en Mozambique y en Vietnam como mercenario es otra pinochada, como la de que has estado en La Legión: te libraste de la mili por pies planos. —¿Qué pretendes? ¿Provocarme? —No, simplemente desenmascararte. Que dejes de engañar a la gente. —No engaño a nadie, sólo escribo y cada cual es libre de creer lo que quiera, pero, para tu información te diré que he sentido la mordedura de una serpiente y la de una bala. —Sería cuando estuviste en la cárcel, jajajaja. Esa cicatriz es de un drenaje de alguna operación, que tienes el cuerpo con más costuras que el peluche de una niña pobre. —Bueno, Pulpito, no voy a contarte a ti mi vida, pero los cirujanos no abren por la derecha y drenan por la izquierda. —Ya te has quedado sin argumentos. Tú ni has pisado Francia y mucho menos África: para ti tus viajes más largos eran a la ribera del Manzanares, donde me encontraste. Además, te has convertido en un “mantequilla”, y con la edad te has ido amariconando. —La única asociación de ideas que hago con la palabra “mantequilla” es “El último tango en París”, pero es posible que tengas razón, aunque aún soy capaz de hacerme un Pulpo a la gallega en tiempo récord. —Va a haber que ir pensándose en salir por piernas. —Pues, hala, hasta otra. —Ciao, Disco. DIÁLOGOS CON MI PULPO![]() Pulpo se refiere al mensaje publicado más abajo, titulado “Y ahora..., ¿qué hago?” Y AHORA..., ¿QUÉ HAGO? —Hola, Discóbolo, he leído tu mensaje en el foro, y, de verdad, es que no te entiendo. ¿Por qué lo dejas a medias? ¿Se te agotaron las ideas? —Hola, Pulpito, la verdad es que el final puede ser muy distinto, por eso lo dejé así, para que cada lector le pusiera el final que más le gustara. —Yo sólo veo un final: que se quede con los dos, y la tía encantada de la vida. Si no le gusta a alguno los tríos, que ponga ella los turnos para follar. —Qué basto y qué bestia eres, Pulpito. Según la legislación vigente, en la época en que se desarrolla el relato (y seguramente en la actual, no estoy seguro), el primer matrimonio es el válido, y el segundo, por tanto, nulo. Así que José tendría que abandonar a su esposa para que ésta retornara con su primer marido. Por otra parte, ella, si deseaba seguir con el segundo marido, no podía hacerlo porque para ello debería divorciarse del primero y el divorcio no existía en España. Si convivían los tres juntos, ella cometería un delito de poligamia (?), penado con prisión. —Pues, nada, te cargas a uno de los dos. —Pulpito, me parece injusto “cargarme” a Juan después del sufrimiento de esos años en el campo de concentración, donde sólo le ha mantenido vivo el amor y el deseo de volver con su mujer. Y no te olvides que José es el padre de dos criaturas. Aparte hay que tener en cuenta los sentimientos de Rosario. —Lo tuyo me recuerda a Sabina cuando un pingajo le dijo en el “tigre” de un bar: “¿Dónde está la canción que me hiciste cuando eras poeta?”, a lo que Sabina le contestó: “Terminaba tan mal que nunca la pude empezar”. Anda, dedícate a escribir relatos pornos, que por lo menos a mí me ponen alegre, y deja de joder a los lectores (si es que te lee alguien) con tus elucubrantes paridas. —Tendré que hacerte caso, Pulpito. DIÁLOGOS CON MI PULPO![]() PULPO CHATERO
— Hola, Discóbolo, buenos días.
— ¿Qué historia me vas a contar hoy, Pulpito?
— He aprendido a chatear y, sin pretenderlo, me he convertido en el contertulio preferido de las damas.
— ¿De todas?
— Sí, verás: como sabes, soy un pulpo de agua dulce, vivo en el río y me deslizo a través de las tuberías invadiendo los hogares donde haya alguna mujer sentada frente a un ordenador. Una vez dentro de sus casas me apodero de su alma, de su mente y de su cuerpo. A veces pienso que mi actitud no es correcta, que no me pertenecen, pero… ¿qué quieres que haga?, tengo lo que he bautizado como cibercarisma.
— Tú lo que tienes es una imaginación fabulosa para inventarte historias en las que siempre eres el héroe y tu cibercarisma sólo existe en tu mente.
— Es evidente que me tienes envidia, Discóbolo. Pero no te preocupes, te enseñaré mis refinadas tácticas de seducción. La primera es decirles lo que ellas quieren oír: a las feas, guapas; a las guapas, inteligentes; a las tontas, listas; a las inteligentes, paletas. Claro que para esto hay que ser un gran psicólogo, cosa que está muy lejos de tus posibilidades. Además, mentir, siempre mentir. Yo en el chat puedo ser alto, moreno, ojos verdes… siempre dependiendo del gusto de mi poseída. — No puedo dar crédito a lo que oigo. ¿Cómo puedes ser tan machista? ¿Cómo menosprecias la inteligencia de las mujeres? ¿No te has enterado que estamos en el siglo XXI y son mayoría en las universidades? Lo único que falta oír de ti es que eres también racista.
— Pues lo soy, no quiero ver un calamar ni en pintura.
DIÁLOGOS CON MI PULPO![]() El colectivo gay agradeciendo a Zapatero la ley
LEY DE MARICONES
—Hola, Discóbolo, estoy que trino.
—¿Qué te pasa hoy, Pulpito?
—Que estos sociatas han aprobado una ley para que se casen los maricones y las tortilleras, y lo peor es que pueden adoptar niños.
—Vamos, cálmate, es un derecho constitucional; son españoles, pagan sus impuestos y tienen derecho a vivir como ellos quieran, a vivir su sexualidad libremente, como hacen los heterosexuales. Lo que hasta ahora existía era una discriminación evidente.
—Claro, la discriminación también es evidente para los partidarios del incesto y de la poligamia, por poner un ejemplo de personas mayores de edad y con una opción sexual, pero jamás se aprobará porque suponen pocos votos. A mí me da igual, pero este país se ha convertido en el paraíso de los maricones. Ahora el raro es el que no pierde aceite. Todos los programas de televisión tienen su mariconcito.
—Por favor, llámalos homosexuales, es menos despectivo.
—¿Y qué me dices de la adopción? ¿Te imaginas a un niño decir que su padre es el de la barba y su madre el del bigote? Además, un niño criado entre maricones, será otro maricón seguro, porque lo verá normal en casa.
—Bueno, en algunos matrimonios heterosexuales hay niños que pueden decir que su madre es la del bigote, y ten en cuenta que todos los homosexuales han nacido de matrimonios heterosexuales.
—Pues imagínate que si de una pareja normal sale un maricón, qué no saldrá de dos maricones. Y no me digas que porque pagan impuestos tienen derecho a que les haga la Seguridad Social la operación de cambio de sexo, porque yo también pago mis impuestos, no puedo comer porque no tengo casi dientes, no veo porque soy miope y la Seguridad Social me ignora.
—Con el destino que se le da a los impuestos nadie está conforme: unos se quejan porque subvencionen a la Iglesia Católica, otros porque se hagan guarderías, y así podría continuar una lista interminable. Cada cual trata de arrimar el ascua a su sardina.
—Mira, Discóbolo, gente como tú y los llamados “tontos útiles”, los que votan a los partidos llamados progresistas, que progresan hacia atrás, estáis llevando a España a ser el país-hazmerreír del mundo. Por un puñado de votos, pues eso, como el hijo de Esteso, venden a su madre.
—Anda, Pulpito, tómate un Valium 10.
DIÁLOGOS CON MI PULPO![]() VENGANZA —Hola, Pulpo, ¡cuánto tiempo sin venir a visitarme!
—Las pulpitas no me dejan tiempo libre, Discóbolo, pero hoy he hecho un hueco para comentar contigo un suceso que me ha llenado de satisfacción.
—Miedo me das, Pulpito.
—Vamos a ver, Discóbolo, ¿qué opinas sobre esa mujer que ha metido fuego al violador de su hija?
—Una salvajada, nadie puede tomarse la justicia por su mano. Además, ese hombre ya estaba pagando su delito y disfrutaba de un permiso carcelario. Esa mujer llevaba planeando su venganza desde hacía muchos años y la consumó con una sangre fría impresionante.
—Pero, ¿se le pueden dar permisos a un violador de niñas de trece años?
—Cometió un delito y la Justicia hizo que lo pagara. Ahora, con setenta años, no creo que vuelva a reincidir, aunque pienso que al juez se le olvidó extender una orden de alejamiento, porque con ella este suceso se hubiese evitado.
—Seguro que no vuelve a reincidir, gracias al coraje de esa madre, porque si no palma, cuando vea a una niña de trece años se le van a poner los pelos de punta.
—Vamos, Pulpito, ¿no ves que ese hombre es muy mayor?
—Pero la chica no lo es; lleva siete años con ese trauma y le queda una vida por delante para recordar cada día que un cabronazo destrozó su vida y la de su familia. Si hubiesen más madres-coraje los violadores se lo pensarían más. —Pulpito… no cambias.
—Es que desde que está este Gobierno sólo me llevo disgustos: adopción de niños por homosexuales, prohibición de investigaciones con células madres, negociación con terroristas, las bandas de sudamericanos hechas dueñas de nuestras calles a base de navajazos…
—A que vas a ser de derechas…
—Te dejo, Discóbolo, no aguanto tus vaciles. —Chao, Pulpito.
DIÁLOGOS CON MI PULPOVIOLACIÓN —Hola, Discóbolo. —Uy, Pulpito, ¿tú por aquí? Algo grave debe haberte pasado para que me visites con tanta frecuencia. —Pero, ¿es que no te has enterado de la niñita de dos años que ha sido violada y asesinada por el querido de su madre? —Verdaderamente esa noticia me ha impactado, Pulpito. No sé qué es lo que puede suceder en la mente de alguien para que cometa una bestialidad ese calibre. —Ahora me dirás que estaba loco, y no lo voy a admitir. Un loco es que se pega cabezazos contra la pared o se corta los genitales, pero el que hace lo que ha hecho éste yo tengo un nombre específico para él: hijo de pu.ta. —Pulpito, seguro que su madre no tiene culpa y la mujer estará también afectada. —Sólo espero que la Justicia dicte una sentencia dura y que la cumpla, porque es muy joven y dentro de unos años podría estar en la calle dispuesto a repetir su hazaña. —Yo también lo espero, Pulpito. —Lo que sucede es que tenemos unas leyes de mierda para estos casos. Yo le aplicaría la ley del talión, pero directamente proporcional. Me explico: sodomizarlo hasta que le desgarren el ano y los intestinos, como él ha hecho con la pequeña, aunque creo que parte de esto se cumplirá en la cárcel, y así espero, que se cumpla la ley de los presos para con los violadores: no me gustaría estar en su pellejo los días en que tenga que ducharse junto al resto presidiarios. —Hoy no estoy por llevarte la contraria, te veo muy excitado. —Pues eso, Discóbolo, hasta otro día. —Chao, Pulpo. DESDE AQUÍ HAGO UN LLAMAMIENTO PARA QUE ESTOS INDIVIDUOS SE PUDRAN EN LA CÁRCEL DE POR VIDA, SIN NINGÚN TIPO DE BENEFICIO PENITENCIARIO DIÁLOGOS CON MI PULPO![]()
ESPÍRITUS
—Discóbolo, ¿tú crees en los espíritus? ¿Crees que después de muertos nuestras almas vagan? —Pulpito, lo de otra vida, el cielo, el paraíso, la reencarnación y otras promesas, según mi opinión, son historias inventadas por la necesidad de encontrar un aliciente que nos dé una esperanza de futuro, de paso nos resuelva las cuestiones de “quiénes somos, de dónde venimos, dónde vamos” y nos quite de la cabeza la idea de lo absurdo que es nacer, vivir y morir para nada. —Me he quedado igual que antes de hacerte la pregunta. —Pues que lo que tú llamas espíritu y alma, yo lo llamo energía. —Ahí quería llevarte, porque, según la Ley de Lavoisier, “la materia ni se crea ni se destruye, solamente se transforma”. Así que pienso que con la energía pasa lo mismo, y si somos energía, cuando la palmamos, ¿en qué nos transformamos? —Partamos de la base que yo no creo a Lavoisier; cuando no se puede refutar algo es más cómodo aceptarlo. Yo tengo mi propia Ley, que dice que “la energía sí se crea, se transforma, se disemina y se agota”. —Discóbolo, cada vez estoy más convencido de que te metes algo en las venas. ¿No has oído hablar de las psicofonías ni has hecho nunca la oui-ja? Algo tiene que haber. —Mira, Pulpito, las psicofonías, la oui-ja, la precognición, clarividencia, telequinesia, viajes astrales, polstergeis y demás, son fenómenos paranormales producidos por la mente. —Y una leche, mi madre me contó que había visto un espíritu. —¿Le preguntó algo? —Para preguntas estaba la mujer.
Diálogos con mi Pulpo![]() LEY ANTITABACO
—Hola, Discóbolo.
—Hola, Pulpito.
—Qué poquito te queda para dejar de joder a los demás con el tabaco.
—Lo asumiré, Pulpo, porque en el fondo tenemos que agradecer a nuestro Gobierno que se preocupe por la salud pública, como es su obligación. No sé si sabes que este año han muerto en España 55.000 personas por culpa del tabaco.
—Lo que pienso es que esta ley sólo es para dar al exterior una imagen de Gobierno progresista y moderno. Le trae sin cuidado la salud de los ciudadanos; nos bombardean con campañas para idiotas, asustándonos con los perjuicios de fumar, empezando por las leyendas en los paquetes de cigarrillos.
—Ya sabes, Pulpo, que la información es fundamental para que nosotros, como seres racionales, actuemos en consecuencia.
—Bien, ¿por qué no informan de las sustancias cancerígenas que “las Autoridades Sanitarias” permiten que se le agreguen al tabaco, como amoníaco, disolventes, anestésicos, alcanfor, etc? Cuando alguien puede impedir un delito y no lo hace, y encima saca provecho de ello, se denomina complicidad necesaria para la comisión de un delito, y no olvidemos que ese delito es la muerte de muchas personas al año, y no me refiero a este Gobierno en particular, sino a casi todos los gobiernos del mundo. El tabaco no mata, matan los aditivos. Y no hablemos de la composición del papel en que va envuelto el tabaco ni de la tinta impresa sobre el cigarrillo, que también se fuma. ¿Por qué si en un alimento se detecta una sustancia cancerígena prohíben su venta y a la empresa alimentaria le meten un “puro” y las empresas tabacaleras tienen licencia para matar?
—Pues todo ese problema se acaba dejando de fumar, por el bien de los fumadores y de los no fumadores, Pulpo.
—Discóbolo, yo pienso que por encima de la salud está el interés económico. Imagínate que a partir del día 1 de enero y durante un año nadie fume ni un solo cigarrillo en España... ¿Qué pasaría?
—Pues que ganaríamos todos en salud, Pulpo.
—Yo te diré lo que pasaría: el Gobierno dejaría de percibir casi dos billones de pesetas en impuestos, dejaría de ahorrarse unos 600 millones de euros de las pensiones de los que palman, porque la mayoría de ellos son pensionistas; tendría que pagar el subsidio de paro a cientos de miles de trabajadores que viven del tabaco: plantación, recogida, transporte, manipulación, distribución y venta; impresión de cajetillas, manipulados de cartón, etc., aparte de otras industrias relacionadas con artículos para fumadores, y otras cosas más.
—Anda ya, Pulpo, me estás dando la inocentada.
—¡Qué listo eres, Discóbolo! Ciao.
—Ciao, Pulpito.
VACACIONES![]()
–Hola, Discóbolo…, esta vez casi la palmas. –Hola, Pulpito, no la he palmado porque había mucha gente empeñada en lo contrario. –Entre los que me encontraba yo. –Gracias, Pulpo. –Y ahora, ¿cómo te encuentras? –Bien, ya han pasado casi seis meses y me voy estacionando; sólo algunos problemas menores derivados de la medicación tan grande a la que estoy sometido, sobre todo inmunosupresores, corticoides… –Háblame en cristiano, con que me digas "pastillas" vale. ¿Y ahora a qué te dedicas? –Pues me voy de vacaciones, a descansar de hospitales y de médicos. –¿Y tú eres el que estás enfermo? ¿Sabes qué te digo?, pues que te estás montando una película para que te cuiden y te mimen. –Como te aprecio mucho no te voy a decir que te cambies conmigo. –Bueno, ¿cuándo vuelves? –Estaré fuera tres semanas. –Que te diviertas y no hagas excesos. –Gracias, Pulpo, hasta la vuelta.
PULPO EN EL CHAT![]()
—Hola, Pulpito, ¿qué me cuentas hoy?
—Hola, Discóbolo, hoy te voy a contar que estoy harto de hacer el cibergilipollas. Harto de ser alto, moreno, con ojos verdes; unas veces separado, otras casado, dependiendo de lo morbosa que sea la dama contertulia; empresario, abogado, médico o militar..., cuando en realidad soy un frutero bajito, calvo como la entrepierna de la Nancy, con ojos saltones y tripa cervecera tan pronunciada que me impide vérmela hasta para mear.
—Bueno, Pulpito, por lo menos te evades un rato y no haces mal a nadie.
—También estoy harto de leer eso de “soy muy sincera, auténtica e irrepetible”. De que te vendan la moto describiendo un cuerpo de mujer escultural mientras la imagino en bata, con los rulos puestos, un culo que no le cabe en la silla y una cara hecha con un compás.
—Tú, en tu línea: muy positivo. No me negarás que es muy gratificante mantener una conversación amena, de esas que te proporcionan una gran satisfacción, que siempre te saben a poco y piensas que sería estupendo tener a esa persona a tu lado, como amiga, porque te das cuenta que enriquece tu espíritu.
—Déjate de chorradas, Discóbolo, lo mío en el chat son las cibermamadas, cuando en realidad lo que quiero es besar unos labios de mujer, aunque tengan sabor a chorizo de pueblo conquense, a empanada mallorquina, a butifarra catalana o a cocido madrileño.
—Venga, relájate y vete para el chat. En más de 35 puedes pillar cacho.
—Ya estoy tardando.
MI PULPO![]() Ya casi no entro en Internet, me siento sólo entre tanta gente que se esfuerza por intentar que mi vida sea normal, en hacérmela agradable, y mis palabras más repetidas son: “no me apetece, no puedo”.
Sólo hago caso a mi animal de compañía, un pulpo de agua dulce que aún no sé si es real o fruto, por llamarlo de alguna forma, de mi imaginación.
A veces me anima: “Tú que te comías el mundo, que en mayo del 68 levantabas barricadas en las calles de París, que fuiste una institución respetada en el Tercio, que no te asustaban las bombas que explosionaban a tu lado en Saigón, y tantas veces que te jugabas la vida alegremente..., y ahora, mírate, acobardado, acojonado por nada”.
Otras veces me cuenta su vida: “Verás, he vivido varias vidas; ésta es mi quinta reencarnación. En una de mis vidas anteriores fui una araña y tuve una relación maravillosa con la más hermosa araña del Universo. Me enamoré de sus ojos, de la blancura de sus dientes, de sus labios..., de toda ella. Hicimos un viaje de placer a Palma de Mallorca y allí se terminó todo: me pilló en dos infidelidades (sin contar la de la profesora de matemáticas, que me la había perdonado). La primera vez me sorprendió cabalgando sobre la camarera de habitaciones del hotel, y la segunda bebiéndome una fanta en el surtidor de la entrepierna de la mejor amiga de la camarera, mientras ella sostenía una naranja en su boca”.
— ¡Qué mentiroso eres, Pulpito!
—Ay, calla, si yo te contara... Desde la princesa altiva, a la que pesca en ruin barca...
— Anda, déjame descansar y no plagies.
Elucubraciones mañaneras de una mente castigada por el insomnio. Escrito anterior al trasplante. |
LOS ESCRITOS DE DISCÓBOLO
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