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"NASÍA PARA KAPÁ"![]() La pared del salón de la moza en cuestión Anoche fui a visitar a mi mujer preferida, de todos muy conocida, feminista radical, talibán sindicalista, enamorada de Marx.
Nos pusimos a cenar, y antes de irnos a la cama ella se quiso duchar. Y yo, con mi caradura, miré por la cerradura aquel cuerpo sensual.
Cuando se quitó el vestido me quedé tan sorprendido, yo diría anonadado. Tenía, de lado a lado, entre el pubis y el ombligo, un letrero tatuado.
Aquel letrero decía, con muy mala ortografía: “Nasía para kapá”. No me quiero ni acordar que aún me tiemblan las canillas y me cuesta respirar.
Sentí temor angustiado de ver mi escroto cortado por su tijera afilada, o quizá por las espadas samurais con que adornaba la pared de su morada.
Corrí hacia el ascensor, pero, antes que viniera, bajé por las escaleras, escalones, dos a dos, hasta meterme en mi coche que no quería arrancar.
Es que no podía pensar, y con tanta agitación, quise arrancar el motor con la llave del buzón. En menuda situación me metí yo por salido.
Ahora estoy arrepentido y me he dicho: “por mi bien, me quedo con mi mujer, no lo dudo ni un momento, porque estoy viejo y cansado y no quiero un escarmiento”.
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LOS ESCRITOS DE DISCÓBOLO
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